RECUERDAS a tu madre junto a ti, tú enfermo, con mucha fiebre, a la deriva, y tu madre: -Tranquilo, dame la mano. Estaré contigo toda la noche. No la creías. -¿Seguro que no te vas cuando me duerma? -No, estaré contigo toda la noche. Ya verás cómo, cuando vuelva el día, estás mejor. Cuando vuelva el día estás mejor es una frase fatídica. Desde entonces esperas que vuelva el día. Crees que cuando vuelve el día los problemas desaparecen o son menos problemas. Pasó el tiempo y nunca pensaste que tú harías lo mismo por alguien. Pero nació tu hija y se puso enferma y tuvo que quedarse en un hospital. Ojalá nunca más esté en un hospital. Y te quedaste toda la noche, hasta que volvió el día, junto a ella, junto a su brazo entablillado con los cables del catéter. Toda la noche pensando en que esos cables del catéter tenían que sujetarla a la vida. Toda la noche pensando que tú sin tu hija no eres nada. Las madres quieren por encima de todas las cosas, y te acuerdas de esta noche, porque hoy hace cuarenta y ocho años que se casó con tu padre, y esas cosas ya no pasan, no hay paciencia, o pasan menos o, si pasan, ni siquiera las contamos. cesar.casal@lavoz.es