ANGUSTIADO, ayer me levanté y lo primero que hice fue mirar por la ventana: el sol había salido y el mundo seguía existiendo. Luego salí a la calle y vi padres paseando con sus hijos tranquilamente... Volví a casa y mi mujer estaba allí, mi familia no había sido atacada ni se había «roto» en mil pedazos. Todas ellas cosas asombrosas, porque ayer entraba en vigor la ley que permite casarse a dos personas del mismo sexo y, por lo visto, media Humanidad estaba amenazada. O eso dicen los que creen que el matrimonio sólo puede ser entre un hombre y una mujer, obviando que la sociedad cambia, evoluciona y mejora. Afortunadamente.