Saber ganar y perder

OPINIÓN

19 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DESCONOZCO, en estos momentos, cuál es el resultado final de las elecciones. Me ha tocado ser candidato, cabeza de lista, muchas veces. Hoy soy un ciudadano más que quiero lo mejor para mi comunidad. Estamos en el siglo XXI, tratamos de construir un espacio común en Europa. Algunos tienen dificultades para comprender que el tiempo es otro y las demandas de la ciudadanía, derechos que comenzaron en la vieja y revolucionaria Declaración Universal de los Derechos Humanos pero hoy son el conjunto de conquistas sociales a las que no se puede poner bajo el talante y la bondad del administrador público. Debe ganar Galicia. País, comunidad, realidad sociocultural, territorio sostenible, antes que los intereses partidarios a inventario de una determinada estrategia política. Debe ganar el ciudadano gallego. Con una administración del poder público competencial capaz de proporcionarle trabajo estable, salarios y pensiones suficientes, para evitar la sangría de la emigración, causa primera del envejecimiento que sufren nuestros municipios. Debe ganar la ética para que las gentes recuperen o mantengan la confianza en el sistema de los partidos como intermediarios democráticos entre los habitantes del territorio y las instituciones públicas. Pero, para ello, lo primero es cumplir la palabra dada, hacer de los programas electorales un auténtico contrato social con el pueblo. Debe ganar el modelo de país que las gentes han decidido con su voto, de progreso popular, de integración en esa parte del Estado que mejor calidad de vida ofrece a sus gentes, del modelo para la vertebración social y del territorio, terminando con los desequilibrios y desigualdades, que a estas alturas son casi un insulto para la democracia. Deben perder: el egoísmo, la intolerancia, la reacción, la violencia, la prepotencia, el miedo al futuro, la utilización del poder para asustar, dominar y amaestrar al ciudadano y a la sociedad civil. Debe perder la necesidad de exiliarse para poder vivir con dignidad. Debe perder, con humildad, quien ha sido señalado por los electores para dejar sitio al que puede y debe gobernar. Debe ganar la autocrítica, y sobre todo, el compromiso de seguir en contacto con las gentes y su realidad, aun cuando haya finalizado la campaña. Saber ganar y perder es la primera obligación del dirigente para emocionar al ciudadano.