Antropología electoral

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

LOS ESTUDIOSOS disputan las razones del adelanto electoral. La razón por la que el erudito doctor Fraga celebre la ceremonia electoral cerca del solsticio de verano en vez de tras el equinoccio de otoño como era su costumbre hasta ahora. El asunto, conociendo a su autor, tiene aspectos antropológicos. Así, el por qué de que haya cambiado la inspiración cronológica desde los equinocciales Misterios de Eleusis a las celebraciones masónicas cristianizadas como san Juan, se encuentra en el sentido simbólico de ambas fechas y sus diferentes consecuencias. Los festivales ígnicos propios de ambos solsticios, y con carácter festivo al aire libre del de verano, suelen tener dos grandes tipos de explicaciones. La solar, defendida por Mannhardt, supone en estos ritos el deseo de asegurar la provisión de luz solar, el poder creador para hombres, animales y plantas. La purificatoria, o de Westermasrck, pretende que el fuego es destructivo, de modo que con él se pueden abrasar y consumir todos los elementos nocivos que amenazan la vida. En Bohemia se cree que las mujeres se quedan preñadas si observan nueve hogueras, en A Lanzada si reciben nueve olas del mar. De modo que toda Galicia será vivificada con la promesa de nueva vida si se obtienen no ya nueve escaños más que los adversarios, sino incluso uno solo. El fuego purificará las miasmas y hechicerías que vienen de oriente del contubernio nacionalsocialista que nos aflige como una corona de espinas, provocando incluso derrumbes de los cimientos del hogar, y no sólo en sentido figurado, y los ritos masónicos sostienen que los malos compañeros asesinan al maestro para arrancarle sus secretos como los tres meses otoñales al sol. En zonas de África y Asia los reyes deben ser asesinados cuando sus fuerzas decaen. No se les permite una muerte natural sino que han de ser sacrificados por los que quieren ocupar su puesto. Y aquí, el taimado Pepiño aguarda su propio turno pues el risueño gran jefe máximo no da una.