CONTEMPLANDO hace unos días la foto de Putin con Durâo Barroso y Javier Solana como representantes de la UE, me vino a la mente la coincidencia de que ambos son ibéricos, cualidad peninsular que podría servir para identificar a los dos personajes de la política europea. Lo que la UE ha ido a pactar con Rusia es de gran importancia para el futuro de Europa. El martes pasado, un día después de la gran celebración de la victoria sobre el nazismo, se ha firmado en Moscú un acuerdo de cooperación que abarca cuatro áreas fundamentales: Seguridad, Justicia, Cultura y Economía. Todas ellas con sus correspondientes hojas de ruta. Este acuerdo es de carácter estratégico, porque abre la puerta de unas relaciones complementarias entre Rusia y Europa. El acuerdo asegura a Europa que Rusia le abastecerá con la quinta parte de sus necesidades energéticas de gas y petróleo. Pero también Rusia recibe la cuarta parte de las exportaciones europeas y posiblemente esta proporción pueda mejorar, debido a la modernización y aumento del consumo de la sociedad rusa. Pero no hay que olvidar dos importantes obstáculos a las relaciones entre ambas potencias: Primero, los rusos quieren entrar en Europa sin visado y los europeos, que Rusia se comprometa a readmitir a los inmigrantes ilegales. Segundo, los países bálticos y Ucrania mantienen reticencias que dificultan las relaciones con Rusia. No cabe duda de que este acuerdo fue promovido por dos personajes ibéricos, representantes de culturas que en otro tiempo se extendieron a varios continentes; curiosamente quinientos años después han vuelto a protagonizar las relaciones exteriores de Europa, en tal forma que han hecho exclamar a Putín: «Los amigos europeos son muy buenos negociadores».