SON MUCHOS los factores que van a influir en las elecciones gallegas del 19 de junio, algunos todavía imprevisibles, pero otros ya con calendario fijo. Entre estos últimos figura el referéndum francés sobre la Constitución europea. Tan sólo veinte días antes de nuestros comicios, los franceses dirán que sí o que no a tan discutido documento, lo que puede reavivar el debate sobre las posiciones adoptadas por PSOE, PP y BNG con motivo de la consulta celebrada en España. En Francia el resultado constituye una incógnita. Hoy por hoy ganaría el «no» y los analistas se devanan los sesos para averiguar las causas de la negativa. Francia es, sin hipérbole, Europa misma y no parece creíble que dicho «no» sea un «no» a Europa, sino a una determinada Europa, la configurada en el tratado constitucional. Puede haber razones de contradicción o de incomodidad de los franceses ante las tendencias federalistas del texto. Pero de forma sobresaliente se apunta a su parte tercera que, de la mano de Giscard d'Estaing, consagra un extremado liberalismo económico, como la principal culpable del rechazo en un país cuyo número de parados ha crecido en más de un millón en los últimos tiempos. No parecen, además, acusaciones provenientes tan sólo de la izquierda declarada. Cierto es que Laurent Fabius defiende el «no», insistiendo en el escaso contenido social del texto. Pero el propio Jacques Delors, que pide el «sí» con vehemencia, ha dicho que todo sería mucho más fácil sin aquella impronta tan inmatizadamente liberal que Giscard quiere y pregona para los próximos cincuenta años. Con todo, ni uno ni otro están en contra de Europa, como tampoco lo está ese amplio sector de la sociedad francesa preocupada por el paro, la inflación subyacente o la precariedad.