Los que se van

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

LA VERDAD, resulta difícil entenderlo. Les construimos autovías, un ave que vuela, levantamos ciudades de la cultura, les ponemos carriles-bici y pantalanes y organizamos jornadas de exaltación de la lechuga. Y, ni caso. Siguen empeñados en dejarnos. Por mucho que les hagamos un país de ensueño; por mucho que nos volquemos en construir una sociedad bien avenida y sin confrontaciones, ellos siguen pensando que hay lugares en los que se vive mejor. Los más de 25.000 gallegos que cada año se echan la mochila al hombro y se van a buscar la vida por esos mundos, no atienden a razones. Ni quizás entiendan los tremendos esfuerzos de nuestra Xunta por ofrecerles un escenario con posibilidades de futuro. Apostando por la industrialización, por el medio ambiente, y por las nuevas tecnologías. Apoyando la educación y la cultura. Edificando, como están, una Galicia próspera que es la envidia de todos. Si dejamos al margen ese sambenito que nos han colgado de que somos un pueblo emigrante y que todos tenemos un colonizador colgado de nuestro árbol genealógico, y por llevarlo a lo práctico, es como si el año pasado hubiesen cogido la maleta todos los habitantes de Carnota, Allariz, Cervo, Cuntis y A Rúa juntos. O lo hubieran hecho todos los que hoy viven en Ribeira. Porque cada día del año perdemos a 70 colegas. O dicho de otra forma, nos abandonan tres a la hora. Nos dejan aunque sea un error. Porque error es marchase ahora precisamente. Con el esfuerzo que nos costó convencer a Europa de que somos pobres de solemnidad y cuando tenemos asegurada una pensión hasta el 2013. Cuando hemos convocado unas elecciones, no para arreglar el país, que está arreglado, sino para frenar la confrontación con Madrid. Con lo bien que vivimos aquí, y aun así hay 25.000 paisanos que siguen empeñados en dejarnos cada año. No lo entiendo.