Un precedente peligroso

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

KOSOVO, una región autónoma de la antigua Yugoslavia, con una población de religión islámica y lengua y cultura más próximas a la vecina Albania, fue masacrada por el ejército serbio a finales de siglo. Las continuas provocaciones ofensivas de las guerrillas kosovares de la UCK hicieron reaccionar a los serbios, que desataron un auténtico genocidio, parecido al de Bosnia. Esta horrible situación obligó a intervenir a la comunidad internacional, que puso bajo su protección a la población de Kosovo. La ONU, la OTAN y la UE actuaron duramente hasta que el ejército serbio se vio obligado a abandonar Kosovo, y este territorio, que gozaba de una amplia autonomía dentro de Yugoslavia, encontró así el camino despejado para lograr la independencia. De esta forma, con el apoyo irresponsable de Occidente, nacería otra nación islámico-albanesa que favorecería la formación de la Gran Albania, plantando la semilla de la discordia asegurada en los Balcanes. Además, sería éste un grave precedente que fomentaría el mal ejemplo para todos los separatismos de la Europa fragmentada. La ONU, anciano organismo de sesenta años que va a ser reformado, es la encargada de velar por la paz entre las naciones y el Consejo de Seguridad tiene que tomar este verano una decisión: apoyar la independencia o no. Ahora, la población perseguida es de origen serbio y está siendo atacada por los kosovares, que en un año ya les ha causado bajas próximas al millar. Esta región se encuentra en estado inestable y no se puede modificar ningún estatus sin que se aviven las cenizas de un nuevo y sangriento conflicto. Allí permanecen todavía estacionados nuestros soldados, entre otros miles, que si en principio fueron para defender a los kosovares, ahora se ven obligados a proteger a la minoría serbia. El resultado de una decisión precipitada, puede representar un precedente peligroso para la paz en Europa, y un mal ejemplo para algunas naciones que sufren problemas parecidos.