LOS NÚMEROS apenas dan cuenta. Podrían repetirse los varios récords de encíclicas, viajes, santos canonizados, personas que ha visto o le han visto (nadie en la historia ha sido visto directamente por tanta gente). Podría hablarse de su empeño por concretar el Vaticano II en hechos: con un nuevo catecismo, un nuevo Código de Derecho Canónico, y miles de otras iniciativas prácticas. El recuento del número de católicos bautizados en 1978 y ahora: creció muy por encima de la población, de 756,5 millones a 1.071 en 2002. De cómo detuvo la crisis de las vocaciones, dramática en los 10 últimos años de Pablo VI, hasta el punto de que el número de sacerdotes seculares ha pasado de 257.696 en 1990 a 267.334 en el 2002. Aún así, la merma de vocaciones europeas y la de las vocaciones religiosas, junto al crecimiento de fieles en otras áreas hace que de un sacerdote por cada 1.797 fieles se haya pasado a uno por cada 2.642. Más cifras: hasta las finanzas vaticanas se sanearon y dejaron en 1993 los números rojos. Podrían añadirse muchas estadísticas. Ni sumadas explicarían lo que nos ha pasado estos días. Por eso el balance personal, el que queda en el corazón y lo mueve, resulta ahora el decisivo. psanchez@udc.es