YA ERAN lejanos los horizontes, los tambores y los tacones, además de que todos tenemos algún pariente lejano y algún otro que mejor que lo estuviese, y ahora resulta que a los gallegos, atiborrados de rías y costa más que brava, también nos salen lejanas las aguas y con la parajoda de que la administración de las aguas lejanas se nos va para Madrid, etiqueta negra de la acuosidad oceánica a distancia y gran reserva de Europa en peces gordos, pues cuando el Gran Sol esté más muerto que el Mar Muerto, Madrid seguirá rebosando besugos con poltrona y boletín. La Galicia que se sabe de memoria el Atlántico quiere ser sede de un consejo consultivo de la UE en asuntos de pesca marítima, pero Madrid / Epicentro Divino se autopropone como sede y nos prorroga la puñeta crónica que viene haciéndonos desde siempre y hay que reconocerle el acierto de tal puñeta porque nunca fue tan de cajón semántico que las aguas le caen lejanas a los Madriles que van a ocuparse de ellas. Tiene narices -¡dos narices, dos!- que, si hay algo de cierto en que Galicia sufre desde siempre las consecuencias de su posición marginal o finisterrización porque la Península tiene en otras áreas sus centros de poder y actividad, ahora que está en juego un interés en el que ser finisterre atlántico nos da protagonismo indiscutible, comulgamos con la tradicional e indigesta oblea ¡es un decir! del centralismo talla XXL. Yo creo que Galicia tiene y se juega y se merece mucho en aguas cercanas, lejanas y mediopensionistas, pero tampoco quiero ignorar la mucha y gorda Épica Acuática que hace de los Madriles un centro privilegiado precisamente por tener muy lejanas las aguas de las que va a ocuparse. Y todo tiene su antecedente porque es verdaderamente profético y simbólico que en Medina de Rioseco (¡ojo al dato, Rioseco!) tuviese su residencia el Almirante Mayor de Castilla. Las aguas cercanas a Madrid son las del Manzanares, río tan caquéctico que Góngora no lo dejó pasar de «duque de los arroyos y vizconde de los ríos». Quevedo lo dejó en «aprendiz de río» y se cachondeaba de su poca agua teniéndolo por enfermo de gota. Algún otro, no sé si Torres Villarroel, decía que era río de poco estudio y vacaciones largas, pues en mayo se le acababa el curso y no lo reiniciaba hasta el otoño. Y cuando Miguel Hernández le vio méritos para ascender de «gota de metal mezquino» a «mar entre los mares» que «llega triunfante al infinito» estaba en una onda que no tiene nada ni de fluvial, ni de marina, ni nada que ver con la fauna piscícola ministerial. En fin, en el Manzanares todo lo que puede naufragar es el Real Madrid de Florentino, que va tan cargado que no hay principio de Arquímedes que le sirva. Pero a Madrid / Ombligo, que no tiene mar pero es «rompeolas de todas las Españas», la ponen muy merecidamente de sede de las Aguas Lejanas. Merecidamente digo, porque de lo lejanas que le pueden caer las aguas del mar a Madrid / Gobierno ya tenemos constancia por el «Desprestige».