Einstein reconsiderado

| JUAN JOSÉ R. CALAZA |

OPINIÓN

05 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ALGUNOS físicos, más dotados para el insulto y la hagiografía chapucera que para las matemáticas, se detienen en aspectos episódicos y falsamente divulgativos de la relatividad restringida/especial (R.R.), soslayando lo crucial: sin Poincaré y Lorentz, solamente a partir de Maxwell, Einstein jamás hubiera escrito, en 1905, Zur Elektrodynamik bewegter Körper . Al no haber citado las contribuciones seminales de ambos, Einstein quedará en la historia de la ciencia como un plagiador. Pero hay más, mucho más. Según el ruso Abram Ioffe, referee del artículo, la primera versión estaba firmada por Einstein-Maric. Habida cuenta que en la publicación definitiva desapareció el nombre de la esposa, al plagio se añade la impostura y el latrocinio intelectual. Prosigamos. Poincaré, en La science et l'hypothèse (1902), sienta las bases que contradicen categóricamente a Newton. Por el contrario, Lorentz, que se equivocó con su «tiempo local», no podrá encontrar la fórmula relativista de la composición de velocidades, descubierta por Poincaré. Además, en concordancia con la relatividad de Galileo, Poincaré restringe su principio a sistemas de referencia en traslación uniforme, los unos con relación a los otros, lo que en justicia obliga a hablar de «R.R. de Poincaré». Sin olvidar el espacio de cuatro dimensiones introducido por Poincaré ( Rendiconti del Circolo Matematico di Palermo , 1905), popularizado años después por Minkowski como espacio-tiempo. Ahora bien, en su monografía sobre Einstein, publicada en Pour la Science , Silvio Bergia nos recuerda que no pretendía asentar ninguna teoría revolucionaria sino desembarazar la de Maxwell de errores de interpretación tenaces. Por tanto, algunos se cubren de ridículo arrogándose hoy equivocadamente la defensa de Einstein en aspectos que él, finalmente, renunció asumir: a partir de 1922, conferencia de Tokio, reconoce que el corazón de la R.R. es el tiempo (T. Ogawa, Jap. St. Hist. Sci. 18, p. 73, 1979). Pero lo que produce auténtica vergüenza ajena es afirmar que «esa dinámica enteiramente nova é a que elabora Einstein e da que extraíu [.] a equivalencia entre masa y enerxía». Esto es completamente falso, reconociéndolo incluso hagiógrafos de Einstein tan partidistas como Boudenot y Cohen-Tannoudji: «Poincaré fue el primero que descubrió, en 1900, la equivalencia entre masa y energía» ( Comment Einstein a changé le monde , p. 46). No podía ser de otra forma pues en la introducción de su artículo de mayo de 1906 Einstein lo confirma al atribuirle, esta vez sí, a Poincaré el descubrimiento. Ahora bien, no piense el lector que Einstein siguió aquí un impulso de honestidad intelectual sino que su propia definición de masa, en el artículo de 1905, era errónea, siendo corregida posteriormente por Planck. Todo esto lo sabía el comité Nobel, que se negó a honrar a Einstein por sus trabajos sobre la relatividad. Lo premiaron por el efecto fotoeléctrico en 1922, pero a título de 1921, desierto, por considerar que en ese año no se había presentado ningún candidato con suficientes méritos: ¡ni Einstein¡ Agradecimiento obliga, no sería correcto por mi parte haber solicitado del lector su generosa atención para estos abstrusos temas sin compensarlo con una anécdota verídica. Al llegar Einstein a EE. UU., los periodistas lo sometieron al famoso test de conocimientos prácticos de Edison: el « genio» no supo responder cual es la velocidad de la luz ni la del sonido.