PARECE como si a algunas personas les hubiera sorprendido que Manuel Fraga Iribarne, en la última sesión parlamentaria, no hubiera buscado el consenso sobre la atención prestada (más bien desatención) a la catástrofe del Prestige, del mismo modo que la cámara gallega consiguió el acuerdo unánime a la hora de exigir compensaciones para cubrir la pérdida de fondos europeos. Para la política al uso, bastante hizo con no desdecirse del todo en su anterior pique a Aznar y mantener que hubo cierta descoordinación. Soy de los que creo sinceramente, que a pesar de las declaraciones con alguna frecuencia insólitas -porque no son habituales-, que Fraga no está entre los políticos del calentón de boca. Cuando se pronuncia sobre el preservativo, los homosexuales o los innumerables temas sobre las que ha añadido calor al fuego de la polémica, lo hace en general desde la consciencia y la convicción de que responde a lo que demanda su electorado; el suyo propio y quizá una parte significativa de los seguidores del PP. Me temo que la polémica del Prestige , por tiempo que pase, no se va a cerrar con un apretón de manos entre Xunta y oposición y quizá ni siquiera entre el ejecutivo de Fraga y el que presidió Aznar. Cualesquiera que sean los datos nuevos, todas las partes comprometieron bastante como para que se produzcan cambios globales. Seguramente Manuel Fraga Iribarne ha detectado en un determinado momento que aguijonear levemente a Aznar no le sentaría mal a los incondicionales del de Vilalba y podía satisfacer a algunos más. Pero ni en éste ni en otros asuntos es previsible que se revuelva frontalmente contra los de su sangre política. Otra cosa será cuando le llegue el retiro político y Fraga analice en unas memorias, en otros libros, declaraciones o conferencias, el tiempo que le ha tocado vivir. En lo que quizá no se diferenciaría de otros políticos de talla... aunque me temo que en el panorama gallego hay muy pocos cuya opinión futura nos pueda interesar.