Persecución de cristianos

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

19 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

AHORA que se inicia en casi todo el orbe occidental la Semana Santa, parece oportuno recordar que a estas alturas del siglo XXI se está persiguiendo a los cristianos. Calladamente, como en el tiempo de las catacumbas que obligaban a los seguidores de Cristo a vivir bajo tierra, hay muchos miles de creyentes, millones, que se ven en la necesidad de huir o de ocultar sus creencias. Tal sucede en China o en Arabia Saudí; casos bien conocidos han sido las masacres de Ruanda, Sudán o Eritrea. A través del informe de Cecilia Wistrom, del Partido Liberal Sueco, hemos conocido la persecución de los cristianos en Irak. Allí, la comunidad cristiana es un vestigio arcaico de la civilización caldeo-asiria. Todavía hablan en arameo y constituyen una minoría de población próxima al millón de personas que están siendo perseguidas por ser cristianas. La ola de persecución comenzó el verano pasado con una campaña que destruyó seis iglesias en Mosul, dejando numerosos muertos. Posteriormente el acoso a los cristianos iraquíes se extendió a Bagdad, donde en octubre fueron destruidas otras cinco iglesias. Ante estos ataques de los insurgentes islamistas, la comunidad cristiana de la capital, unos cincuenta mil, huyó a Jordania, por los avisos de que no se les ocurriese ir a votar en las elecciones de enero. Así, los negocios y la vida de los cristianos en Irak están siendo destruidos, inclusive en los territorios kurdos. De esto, aquí en Occidente, nadie se ha enterado, nadie ha movido un dedo para defenderlos. Mientras que aquí conmemoramos la pasión y muerte de Cristo, allí, ahora mismo, está siendo perseguida por sus creencias una comunidad cristiana que debiera ser protegida, en vez de mirar para otro lado.