Riqueza para todos

| RAMÓN CHAO |

OPINIÓN

24 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

BRASIL es inmenso, está mil veces dicho. Puede albergar en su seno una guerra civil entre el estado de derecho y los madereiros de la Amazonia sin que nadie se entere. Se necesita que asesinen a un líder de los defensores de la naturaleza tan notorio como Chico Méndez, en 1998; o ahora, el 12 febrero de este mes y año a la misionaria norteamericana Dorothy Strang, para que Lula se decida a enviar al ejército. Y, como le reclamaban decenas de ONG desde que llegó al poder hace dos años, la creación de un parque natural y de una reserva ecológica para intentar poner tope a estas guerras y frenar la deforestación de la Amazonia. Se trata de las medidas de protección más importantes de la historia de Brasil que se han tomado para defender este patrimonio de la humanidad. Además, el Gobierno central distribuye 600.000 estacas de cedro, de caoba y de cacao para replantar. No es éste el único frente que debe cubrir el presidente brasileño. Tan peligroso o más es el que forman los ingenuos defensores de la biodiversidad. Hace un par de meses el ministro de Educación de Brasil, Cristóbal Buarque, fue acosado por los periodistas sobre la posible internacionalización de la Amazonia. Uno de ellos se permitió exigirle la respuesta de un humanista, y no de un brasileiro. Resumo su respuesta. Como humanista, percibo la degradación del ambiente que provoca la situación en Amazonía, y cabe imaginar que se internacionalice esta región, como todo lo que es importante para la humanidad. Lo mismo deberíamos hacer con las reservas de petróleo existentes en el mundo. Pese a ello, sus amos se permiten jugar con el aumento y la disminución de los precios del crudo. Por la misma razón habría que internacionalizar el capital financiero de los países ricos. Reconocemos que el expolio de la Amazonia es tan grave como el paro que provocan las decisiones arbitrarias de los especuladores de la economía global. Y nosotros no podemos permitir que las reservas financieras aplasten a los países pobres. Junto con Amazonia, habría que internacionalizar los grandes museos del mundo. El Louvre, por ejemplo, no debería pertenecer únicamente a Francia. Los museos conservan las mejores obras producidas por el genio humano. No se puede dejar ese patrimonio cultural, como tampoco el de Amazonia, en manos de un solo propietario. No hace mucho, un millonario japonés decidió que se le enterrase con el cuadro de un gran pintor. No hubiera sucedido si ese cuadro estuviese internacionalizado. Naciones Unidas acaba de organizar el Foro del Milenario, pero algunos presidentes de países tuvieron dificultades para asistir, debido a problemas de fronteras. Es deseable que la sede de Naciones Unidas sea internacionalizada; que por lo menos Manhattan pertenezca a la humanidad. Lo mismo que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia, Recife. Cada ciudad con su belleza propia y su historia debería pertenecer al mundo entero. Si Estados Unidos quiere internacionalizar Amazonia por el riesgo que supone que esté en manos brasileñas, internacionalicemos igualmente el arsenal nuclear norteamericano. Serían capaces de utilizar esos depósitos, lo cual provocaría una destrucción mil veces superior que los deplorables incendios de la selva brasileña. Durante los debates presidenciales, Bush y Kerry lanzaron la idea de una internacionalización de las reservas forestales del mundo a cambio de una condonación de la deuda exterior. Buarque de Holanda propuso que lo mejor sería utilizar esa deuda para que todos los niños del mundo puedan alimentarse e ir a la escuela. Tratar a los niños como si fueran patrimonio de la humanidad. No se debe dejarlos trabajar, cuando han de aprender para que sean realmente útiles al género humano.