Un referéndum que dejará huella

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

22 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NO DEDICARÉ hoy una sola línea a comentar la variada gama de despropósitos que ha presidido el referéndum sobre la Constitución Europea. Tampoco me detendré en esta ocasión en el análisis de los mezquinos intereses particulares que han pretendido influir en el resultado. Creo que la prioridad consiste en detectar las corrientes de fondo que se han expresado en las urnas. Del referéndum se extraen conclusiones inequívocas que no dejarán de condicionar los diferentes proyectos políticos presentes en el país. La primera, y la más relevante, es que los españoles han asumido sin vacilaciones que su futuro está indisolublemente ligado al avance del proyecto europeo y, en consecuencia, han mostrado un respaldo al texto constitucional que difícilmente será superado en las consultas de ratificación pendientes en países centrales de la Unión, tales como el Reino Unido, Francia o Alemania. Y esta vocación europeísta no sólo ha representado un inestimable espaldarazo al proyecto de construcción europea, sino que ha reforzado la posición de España, al convertirla en un inexcusable referente de la Europa Política. El inequívoco pronunciamiento ciudadano obligará también a los diferentes partidos a realizar una profunda reflexión a la hora de formular sus respectivos proyectos políticos. En primer lugar, es urgente que se aclare el Partido Popular. En efecto, su tradición histórica y su concepción excluyente de la identidad española no le han permitido nunca a la derecha practicar un europeismo entusiasta. En su actual estado de desarrollo, la UE ya parece a los ojos de determinados sectores del PP -y a los de muchos conservadores europeos- demasiado integrada y demasiado poderosa. Así las cosas, Rajoy debe decidir si sitúa a su partido en sintonía con la voluntad mayoritaria de los españoles, o si lo deja anclado, como pretenden Aznar, Acebes y compañía, en la defensa de un inoperante y trasnochado soberanismo. Por lo que respecta a la izquierda que ha patrocinado el «no» pero que se reclama proeuropea, debe, si quiere tener algún futuro, diferenciarse inequívocamente de aquellos sectores que han pretendido ocultar en las indiscutibles deficiencias del Tratado Constitucional su posición contraria al proceso de construcción europea. Por su parte, el PSOE ha demostrado que tanto el conjunto del partido como su base social asumen sin contradicciones el proyecto europeo. Pero si aspira a transformar esa política en proyecto de Estado con amplísima base social y proyección de futuro debe evitar groseras capitalizaciones, absurdos personalismos y discursos de corto recorrido que sólo dificultarán la realización de ese gran objetivo nacional. No necesita recurrir a semejantes prácticas, el PSOE se ha transformado por méritos propios en el bastión del europeísmo en España, en el motor ibérico de la construcción europea. No lo duden, el referéndum del pasado domingo dejará huella.