JORDI PUJOL fue el primer presidente autonómico que puso en el coche oficial el banderín con la enseña catalana. Y con él recorría Cataluña y realizaba las visitas oficiales a otros lugares allende las fronteras. Igualito que el presidente de Estados Unidos cuando recorre el imperio. Pujol lo incluía en sus encuentros oficiales en Moncloa con el jefe del Gobierno porque con ello el zorro político catalán sabía que estaba haciendo país . Ahora le han copiado Pasqual Maragall y Juan José Ibarretxe. Este último llegó con él desplegado al viento serrano de la cornisa velazqueña del palacio de la Marina Española, sede del Senado, en la primera conferencia de presidentes autonómicos. Aquello fue colorista y para nota. ¿Se los imagina usted llegando todos a la próxima conferencia de presidentes con banderines relucientes y rodeados de una cohorte de traductores, secretarios, escoltas y palafreneros? ¡Oh, qué gozada! Será como en Bruselas, pero con sol. Y mientras esto llega y para abrir boca, la imagen se ha vuelto a ver en el encuentro del lendakari con José Luis Rodríguez Zapatero para decirle que su plan secesionista va palante , caiga quien caiga, aunque el que caiga sea él, hombre fanático e iluminado que cree que ha visto luz. Solo faltó el guión y la escolta motorizada de ertzainas para completar el paseíllo del Mercedes por entre los parterres del Palacio de la Moncloa porque hubo hasta ikurriña en peana sobre el porche neoclásico de entrada y sonrisa a media asta de ZP. Yo sugiero al presidente del Gobierno que mande instalar en el centro del capó de su vehículo oficial un banderín con la bandera española y a los lados, en todo el recorrido de la chapa y hasta donde llegue, los banderines, un poco más pequeños, con las banderas de las diecisiete comunidades autónomas más las de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Será la ONU sobre ruedas pero servirá para situar a España en su sitio y a las comunidades autónomas en el suyo, que es importante, pero no tanto como el de la nación española. Aunque sea una cursilada ambulante puede resultar eficaz en la era del digital y de la imagen. Ya de paso, una contrata podría proceder a rotular de nuevo todos los carteles de los museos nacionales, de la orquesta nacional, del ballet nacional y de todo lo nacional que haya por ahí, y anteponer el prefijo súper a la palabra nacional. Eso sí, dejando como están los de los museos, orquestas y ballet nacionales que hay en Cataluña y en otras comunidades. Sería una pasada, ¡tío!