El plan y las tortas

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

IBARRETXE no acaba de entenderlo. No, no acaba de comprender que la esencia y el valor de la democracia es algo diferente a una aplicación mecánica del principio de la mayoría: la democracia es ese principio, desde luego, pero dentro del respeto a las reglas de juego pactadas previamente entre mayoría y minoría. Respetando las reglas de juego, la mayoría lo puede todo; fuera de ellas, la mayoría no puede absolutamente nada. Es esa dramática y radical incomprensión de lo que la democracia significa la que ha llevado al lendakari a presentar un plan que nunca será aprobado por los partidos que ocupan el noventa por ciento de los escaños de las Cortes, con la absurda y delirante pretensión de que aquéllas deben aceptarlo aunque las reglas de juego previamente establecidas faculten a las Cortes para aprobarlo o rechazarlo. Y es también esa incomprensión sobre el sentido de la democracia como norma de convivencia universal la que llevó ayer al lendakari a preguntarse cómo podía resolverse finalmente el desacuerdo entre la mayoría del parlamento de Vitoria y la mayoría del parlamento de Madrid: «¿Es que vamos a andar a tortas?», se preguntó Ibarretxe, con esa campechanía brutal de quien desconoce que no debe mentarse la soga en casa del ahorcado. ¿Andar a tortas? ¡A estas alturas! No, la solución no es desde luego andar a tortas, pues bastantes tortas han recibido ya una parte de los vascos -los que no apoyan su plan- y hemos recibido los restantes españoles a cuenta del problema que el señor Ibarretxe se empeña ahora en resolver en su exclusivo beneficio. La solución al conflicto derivado de que una mayoría decide una cosa y otra otra, no puede ser más que la que se aplica siempre en democracia: el cumplimiento de la ley. ¿Y qué dice la ley? Pues es muy claro: que los Estatutos pueden reformarse cuando cuentan con el apoyo de la mayoría del parlamento regional y de la mayoría de las Cortes. Esa es la regla y en el respeto a esa regla está la única solución para evitar andar a tortas. Sin embargo, Ibarretxe no ha acabado aun de comprender que sin el respeto a las reglas de juego el principio de la mayoría equivale a la ley de la selva. Las Cortes respetarán esas reglas de modo escrupuloso cuando rechacen por abrumadora mayoría el proyecto de Ibarretxe. Y, cuando tal suceda, lo harán además cargadas de razón: pues el plan Ibarretxe no sólo es inconstitucional de cabo a rabo, sino que siembra la discordia civil entre los vascos de un modo tan temerario e irresponsable que rechazarlo es la única posición que cabe a quienes creen que la democracia es algo más que la mera imposición por la fuerza de los votos. ¿Lo cree el BNG?