VALLE-INCLÁN era un hidalgo muy raro, empeñó el reloj y se quedó sin conocer la hora de su muerte. Desde que cayeron en desuso la lanza en astillero, la adarga antigua, el rocín flaco y el galgo corredor raros son a los que emociona saber que el halcón reposa en su alcahaz con las pihuelas trabándole las patas y el capuz de cuero cegándole la mirada carnicera. Los cetreros dicen que el halcón se eleva al cielo con la presteza de una plegaria y cae sobre la tierra con la celeridad de una maldición. A la plebe hastían las palabras que, como estatuas, permanecen y conmueven aquellas otras raras que, como el halcón, se abaten sobre la presa. No es importante que mi discurso sea coherente toda vez que es imposible hallar nada más suave en el mundo que la baba del caracol. Pero sólo un italiano tendrá la elegancia de recordar en el Polo Norte el sabor de un helado de nata y que la esgrima es, después del dinero, la verdadera garantía de los derechos individuales. Un amigo mío, alérgico al polen, hizo un testamento en el que dejó estipulado que nunca pusieran flores en su tumba. Ni siquiera de plástico. Eso es saber matar a estoque, y recibiendo, a la misma muerte. Nadie pasará a la posteridad si se retrata sonriendo y con una pluma de amanuense en la oreja. ¿En el pequeño corazón del articulista enjaulado late aún el ansia aventurera? ¿Y el articulista sometido al imperativo de la disciplina tiene la imaginación agotada por el qué dirán? Duermo todos los días con una botella de Lagavulin y un jamón bajo la almohada por si me da un ataque de Prisa y salgo corriendo hacia el más allá ante tanta manipulación informativa. El talante es un duro enemigo de la literatura. Oscar Wilde puso todo su talento en vivir y en escribir sólo su talante. Leo lo que me da la gana pero escribo y amo lo que me dejan. Un día de estos me fotografiaré sonriendo con una pluma de amanuense en la oreja. Hay Heldentenor que se rompen el corazón y mueren cantando La fragua de Vulcano . Mejor eso que acabar regentando una taberna. Ni la frigidez intelectual tiene cura ni la tienen quienes escriben como las vacas rumian. El ministro que firmó la sentencia de muerte de Mata-Hari había sido su amante: los críticos literarios deberían tomar ejemplo y aplicar el cuento a los amigos. Alzo mi copa en honor de Ignacio Echevarría. ¿Si a James Dean y a Lorca el alma les ardía, tableteaba y pedía guerra como una ametralladora, por qué no habrían de satisfacer tanto ardor entre los brazos de un regimiento de húsares? Cada cual con sus rarezas. ¿Acabará Aznar en la cárcel como Oscar Wilde? Ninguna mujer ha agradecido hasta ahora a los hombres la invención de la lavadora, ¿por qué tendrían que agradecerle los españoles a Aznar sus logros? Cuando el diablo no sabe qué hacer con el rabo espanta moscas. Los serenos solían ser asturianos, también había algún gallego, todos eran valientes y manejaban el chuzo con ejemplar maestría. Estoy mirando una foto de ministras algo incoherentes, como yo, pero lo compensan con una baba casi tan suave como la del caracol. Puesto que el Gobierno, con su inmenso poder mediático, acabará controlando el Tribunal Supremo para meter a Aznar en la cárcel, ¿por qué no hace que cada calle tenga obligatoriamente un sereno? Se acabaría el paro y a mí me darían el Nobel de Economía por el buen consejo. Pero los españoles me meterían en la cárcel por guerrear contra el botellón. Pueblo raro.