EL OJO PÚBLICO
11 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.PROBABLEMENTE el Gobierno supo desde el principio que el paso por el Senado de los Presupuestos del Estado iba a ser un buen marrón . Pero quizá nunca pensó que iba a acabar pasándoles lo que a los turrones El Almendro : que tendrían que volver a casa por Navidad. A casa, sí: es decir, al Congreso de los Diputados, que viene a ser para el Gobierno lo que era la casa de nuestros juegos infantiles: el único lugar donde uno estaba seguro de que no le iban a dar la queda los amigos. Los dos más fieles del Gobierno Zapatero, Esquerra Republicana e Izquierda Unida, permitirán que el atranco presupuestario socialista en el Senado, si finalmente el veto se mantiene, sea en realidad algo menor: y es que el diseño de nuestro bicameralismo hace que, salvo en contadas ocasiones, la última palabra legislativa corresponda siempre a la Cámara baja en detrimento de la alta. Pero la aprobación de los Presupuestos del Estado, que se producirá con total seguridad salvo que Carod la hiciera depender de alguna ocurrencia genial de última hora (otro pronunciamiento lingüístico del Gobierno o, chi lo sa , uno culinario, histórico o folclórico) no evitará que el PP intente montar la marimorena nuevamente a cuenta de que la ley presupuestaria se adoptará por primera vez desde 1978 con el rechazo del Senado. Los ciudadanos, duchos ya en marimorenas del PP, aplicarán, de todas formas, a los grandilocuentes discursos que nos colocarán sus líderes políticos, la correspondiente cuota de descuento y casi todo quedará como hasta ahora. ¿Casi todo? En efecto, casi todo, porque el Gobierno y el PSOE no deberían echar en saco roto la principal enseñanza que se deriva del veto del Senado: la de que Zapatero se mantiene sobre una mayoría muy precaria que, a medida que pase el tiempo, convertirá a sus dos aliados preferentes en sus dos únicos aliados en las Cortes. Y el que ERC e IU puedan llegar a ser los únicos aliados parlamentarios del Gobierno debería ser motivo más que suficiente para que su presidente se fuera preparando para el incierto futuro que le espera. Con los de Carod y Llamazares ha sido posible sacar adelante la primera parte del programa de reformas socialistas: las relativas a los derechos civiles y alguna otra, como la que acaba de aprobarse en el Congreso en relación con la designación de las más altas magistraturas judiciales. Pero antes o después habrá que meterle el diente a la reforma más trascendental que figura en el programa del PSOE: la constitucional. Esa reforma exigirá que las actuales alianzas cambien de forma radical: sólo hay que esperar que, para entonces, las naves del Gobierno no estén ya completamente achicharradas.