La excrecencia

| LUÍS VENTOSO |

OPINIÓN

EL 11 de septiembre del 2001 se acabaron en la UE los paraguas idealistas para el asesinato. La Europa opulenta se vio obligada a reconocer que los que aún llamaba «guerrilleros vascos» eran llanos terroristas. Francia, medrosa de atentados en su suelo, empezó a trincar en serio a los pistoleros. Aznar (previo pacto de Estado con Zapatero) les desmontó Batasuna, el chiringuito que les regalaba la calle. Y sin duda alguna, Estados Unidos echó un capote bajo cuerda. Hoy son un problema, pero ya no «el problema». Por desgracia, los genocidios islamistas los han convertido en un excrecencia freak , inquietante, pero menor.