LA MINISTRA de Fomento, Magdalena Álvarez, sigue más empeñada en disculparse a sí misma y culpar a otros que en explicarnos a qué le llama a estas alturas Plan Galicia. En su comparecencia de anteayer en la Comisión de Infraestructuras se repitió el guión de otras veces. Con la explicación añadida y sorprendente de que el Gobierno no tiene la culpa de que Galicia «esté al Nordeste» (¡lección de geografía!) y que esto no es obra de los socialistas «sino que se decidió cuando se hizo el mundo y ni siquiera sabemos quién lo hizo» (lección de laicismo). La verdad es que yo ya estoy de acuerdo en culpar al empedrado, a cambio de que la ministra acepte formar parte de él, como los demás. Vale que el PP no haya hecho nada a derechas, vale que Álvarez Cascos sea el nombre de alguna pesadilla de prestigio, vale que la realidad de nuestras infraestructuras empiece cuando diga la ministra, vale que sus cifras para cumplir el Plan no se parezcan a las que dan los demás (PP y BNG), vale que en Galicia haya que licitar por separado proyecto y obra mientras que en Cataluña esta norma parece gozar de excepciones, vale que el AVE Córdoba-Málaga llegue feliz y puntualmente a su término. Todo esto vale y tiene su sentido en una dialéctica de propagandas y demagogias. Pero ¿se trata de esto? ¿Queda así explicada la situación actual del Plan Galicia? ¿Alguien lo entiende? ¿Tienen razón siquiera quienes lo critican, como el PP o el BNG? No es fácil penetrar el misterio. Yo no entiendo (y me mosquea) que Magdalena Álvarez se siga irritando cada vez que debe dar cuenta del Plan Galicia (y que se irrite aún más si le dicen que se parece al irritable Cascos). Y se me figura peor que culpe a los medios de comunicación de de-sinformar y desilusionar. Si su Plan Galicia es bueno y se van a cumplir los plazos para llevarlo a cabo, ¿dónde está el problema? ¿Dónde la dificultad? ¿O la dificultad está en explicar lo inexplicable? Hay alguna negra sombra que debe ser despejada para que los gallegos no se refugien en el recelo. La ministra sabe que nada convence tanto como los hechos y los compromisos claros. De ella dependen ambos ahora.