CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |
25 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.DAVID entró en el túnel un 19 de septiembre y salió dos meses después. El túnel es la UCI del hospital de León. Lo vimos todos casi en directo. Son las cosas de la televisión. ¿Se acuerdan de David, el árbitro que cayó fulminado en un partido entre la Ponferradina y el Sestao? Fue a su trabajo de fin de semana, como tantas veces, y el rayo de la muerte súbita le tumbó como a un muñeco. Las imágenes que vimos no invitaban a la esperanza. Pero ya escribió Cela que la esperanza es un sentimiento más noble que el deseo. El periódico está lleno de tragedias que terminan peor que debutan, muerte sobre sangre. Es un placer ver, en la foto de mi compañero Óscar Vázquez, al árbitro Alleres con su mujer y su hijo paseando por Castrelos, donde un día hubo molinos de viento y otro sonó la gaita mágica de Carlos Núñez. Su hijo Borja, de seis años, resumió como un genio el susto: «Papi, no te vuelvas a ir». Los niños siempre barren para casa. El colegiado le dijo al periodista Pedro J. Barreiros en la entrevista que publicó La Voz: «Tengo muchas cosas en las que pensar». Ahora un desfibrilador le controla los latidos de su corazón. Lo que tienen las segundas oportunidades, David, es que todo sabe mejor. cesar.casal@lavoz.es