Difícil me lo pone, ministro

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

24 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

MIRAD la eficacia del Parlamento español: el lunes, día 22, el ministro de Exteriores denuncia el apoyo de Aznar a un golpe de Estado en Venezuela. El martes, 23, en la España política no se habla de otra cosa. El jefe de la oposición pide la cabeza del ministro. El presidente anuncia que Moratinos lo explicará todo en el Congreso. El miércoles, 24, hay sesión de control, pero el asunto no está en el orden del día. Tampoco figura para la jornada de hoy. Ni para mañana. Se verá, como pronto, la próxima semana. Cuando el señor Moratinos llegue con sus explicaciones, se habrán vertido ríos de tinta; se habrán consumido horas de radio; se habrá pedido mil veces su dimisión; se le habrá acusado de frívolo y bocazas; se habrá dicho todo, menos lo que el ministro tiene que decir. O se arregla ese funcionamiento del Congreso, que vive de espaldas al debate político, o esa Cámara estará dañando a la propia democracia. No es una frase efectista. Es que su lentitud en casos como éste produce efectos perniciosos. Hace posible un debate externo sin datos esenciales, que sólo el ministro puede facilitar. Crea situaciones de crispación entre los partidos, que se agreden en el exterior. Facilita la aparición del bulo y el rumor, como ese telegrama al embajador en Venezuela, cuya existencia pregona Izquierda Unida. Contribuye a crear un clima de opinión basado en simpatías de tertulianos ideologizados. Y, por si esto fuera poco, permite que el Gobierno rehúya su responsabilidad, rechace preguntas sustanciales en ruedas de prensa y base su estrategia en ganar tiempo. El Congreso es su aliado. Hoy, por ejemplo, ¿qué análisis riguroso se puede hacer del señor Moratinos, si no sabemos de qué datos dispone? Sólo caben algunas posibilidades. Éstas: 1) Si es un ministro que se deja calentar la boca en un debate televisado, es evidente que tiene escasas cualidades para dirigir la diplomacia. 2) Si dijo una mentira, está claro que no es digno de ocupar la cartera de Asuntos Exteriores. 3) Si tiene una información cogida por los pelos y la soltó en el fragor de una discusión, nos hace dudar de su autocontrol. 4) Si lo ocurrido en abril del 2002 sólo ha sido, como se dice, una reunión informativa y de sondeo de los embajadores español y americano con el golpista Carmona, Moratinos es un incontinente verbal. Y 5) Si está seguro de que Aznar apoyó el golpe y lo descubre ahora, ¿por qué lo hace? ¿Qué gana con ello? Sólo demostrar un afán revisionista. Claro que, ahora que he razonado todo esto, me sale una terrible conclusión: no tengo un solo argumento para defender al ministro. Me falta un milímetro para ponerme al lado de Rajoy y pedir su dimisión.