LOS LÍDERES de los 25 países de la UE que estamparon su firma el pasado 29 de octubre sobre la primera Constitución europea, en Roma, tienen por delante un enorme desafío: recuperar la fe en Europa de los 450 millones de ciudadanos a los que representan políticamente. Algo que sólo puede suceder si se recobra antes el espíritu de los padres fundadores y el liderazgo de quienes, en una situación como la actual, tienen la obligación de apostar con la mayor energía y determinación. Está bien que España se prepare para ser la primera nación europea que convoque un referéndum para aprobar la nueva Constitución, pero la clave no está en estos gestos aislados. No es más europeísta el que desenfunda más rápido, sino el que comunica mayor confianza y mejores argumentos. Francia y Alemania, que siempre se han presentado como el eje y el motor de la UE, no parecen encontrarse en su mejor momento y, aun sin quererlo, están transmitiendo escepticismo y desazón. Ni Chirac ni Schroeder han demostrado tener el sentido de la oportunidad que ha caracterizado a alguno de sus predecesores, desde Adenauer, Schuman, De Gasperi, Monnet y Spaak hasta Jacques Delors o Helmut Kohl. Si el presidente francés y el canciller alemán dejasen de mirarse tanto el ombligo y fuesen capaces de alzar la vista por encima de los problemas sociales de sus países, que tanto los ensimisman, descubrirían que «Europa no se formará de un solo golpe, ni en una construcción de conjunto. Se formará por medio de realizaciones concretas y creando en primer lugar una solidaridad de hecho». Palabras que entrecomillo porque son históricas y fueron pronunciadas por el ministro francés de Asuntos Exteriores Robert Schuman el 9 de mayo de 1950, cuando propuso poner en común los recursos de carbón y acero de su país y de la República Federal de Alemania en el seno de una organización abierta a otros países de Europa. Un año después surgía la CECA, origen de la UE. Los líderes de entonces querían hacer realidad la utopía con un hecho político sin precedentes. ¿Dónde están los guías de hoy y su «solidaridad de hecho»?