CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
18 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ESTÁN en todas partes. Cada vez hay más argentinos en Galicia y oigo dos tipos de comentarios. Mi hermano, el rubio, que los adora, que quiere a Charly García, no es sierto, que se enreda con ellos y es uno más. Y un amigo, que se cabrea con todo y dice que no los puede ver, que cree en lo del chiste: compra un argentino por lo que vale y véndelo por lo que dice él que vale. Este tipo de chistes siempre me parecieron racistas. Los de gallegos son los que más abundan, sobre todo en Argentina. No podemos olvidar que los gallegos somos un pueblo emigrante y deberíamos ser los primeros en acoger (no me refiero a la acepción argentina de coger) al que llega de lejos. Los argentinos que vienen aquí de allá tienen padres o abuelos gallegos como usted o como yo. Sobre el morro que lucen, que dice mi amigo, no creo que tengan más morro que un gallego con mucho morro, que los hay. Sobre lo lindo que es escucharlos, que dice mi hermano, estoy de acuerdo, aunque a veces empalagan más que su dulce de leche. Creo que los argentinos que llegan son como los murcianos. Los habrá estupendos y otros, auténticos delincuentes. El pasaporte poco dice sobre cómo son las personas y la mezcla da el mejor café. cesar.casal@lavoz.es