Sort

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

ALBOROTO de pájaros, frente al guiño de luz de las galerías. La pizarra del cielo está azul, como un milagro. De un coche sale una canción: «Tu nombre me sabe a hierba». Es Serrat. No es la canción del verano, gracias. El mordisco del cáncer nos ha puesto tristes en este otoño violento. Está muy bien que Serrat, que Rocío Jurado, digan en voz alta que tienen cáncer. El cáncer no siempre mata. Hay esperanza. Ya está bien de titulares que gotean sangre con la mortalidad de determinadas enfermedades. Bastante tiene el que lo tiene. Serrat se pone en manos de los médicos. La voz ligera del cantante nos ha hecho soñar en muchos recitales. Serrat es Machado y Miguel Hernández y Cristo, el Nazareno, y el primer dulce amor y la lucha por la libertad en los sesenta y la libertad de los ochenta y, de vez en cuando, todas esas pequeñas cosas, tan pequeñas, tan hermosas, y Penélope, con su bolso de piel marrón, y Merceditas, la del guardarropa, y Curro, el Palmo, y esos locos bajitos, que no dejan de joder con la pelota, y el Mediterráneo. Que el mundo fue y será una porquería, lo sabemos. Pero se lleva mejor si podemos escuchar a ese mirlo alborotado que Joan Manuel se tragó cuando niño. cesar.casal@lavoz.es