MUCHO me gusta perderme en debates abstractos que encuentran la concreción cuando se salpimentan con el aderezo de la fantasía. Comenzaré diciendo que el fórum barcelones fue una difusa idea germinal muy próxima a la nada que terminó consolidando la autoestima de una ciudad que se reinventa abriéndose al mar. Es bien cierto que desde los tiempos del abispo Maeloc tenemos los gallegos del norte, en la ribera de los dos mares, una deuda que Ramón Loureiro se empeña en saldar apelando a la imaginación, a la solidaridad y al esfuerzo, convirtiendo en cultura el discurso de la mercadotecnia. Y fue así, en un sueño compartido, como en Ferrol y al amparo de la fundación Carlos Casares pusimos la primera piedra, al ara solis que va a rescatar la tercera Bretaña. La vieja y añorada Bretaña marina que llegó a caballo de las olas a todos los puertos que son desde la ferrolana ría hasta la de Ribadeo. Convenimos con Claudio Rodríguez Fer y Darío Xohán Cabana que tiene que ser mi querido Mondoñedo la más alta de todas las rías, pues tiene por tierras focenses su basílica adelantada, una catedral con sede vacante que enfila desde sus contrafuertes de nave normanda una singladura de nao capitana. San Martiño de Mondoñedo navega los siglos de piedra por todo el mar del norte, con el patrón Gonzalo Dumiense gobernando el timón de la cristiandad. Es tiempo de otoño, justo los días más adecuados para prender una pancarta de viento reivindicando el nuevo advenimiento. Bretañas rescatadas, que engarzan las cuentas del collar antiguo que discurre por todo el litoral que asola la galerna, sube a las altas tierras de Miranda donde se oculta la niebla custodiada por un dragón ciego que habita en una estrofa de Noriega Varela. Tercera Bretaña del camino de la mar toda, vendrá de nuevo la fortuna embarcada en una flota invisible, y el abanderado será un bajel lleno de sagas perdidas que se escribieron cuando los siglos eran aún mozos, en alfabetos de Islandia y Dinamarca. Cartografía de una tierra ignota que está a punto de arribar a estas/aquellas playas. Y alzaremos las banderas azules y las moradas enseñas, para anunciar que en estas tierras florece Bretaña cuando la primavera renueve su sinfonía de luz, y mi Viveiro, mi pueblo, será la bisagra entre Ferrol y Mondoñedo, y cantaremos un himno en Ortigueira y hemos de pararnos en Xove que tiene nombre de dios antiguo. Mira que me gustan a mí estas cosas, refundar mundos con la vara de contar estrellas de mi señor Merlín, yo que me aficioné a coleccionar sombras por la calle de Batitales, me obstiné en la distancia en catalogar las luces que van a iluminar los límites territoriales de la tercera de las Bretañas, la más cordial porque vive en nuestros corazones poblados de latidos juveniles que se anclan en la memoria. El corazón es sólo un barco a la deriva, que por fuerza va a encontrar refugio, amparo en esta literaria costa que como rezaba la convocatoria perfila las encrucijadas de la historia.