LA CIUDAD de hoy necesita mirar hacia sus entrañas, redescubrirse, actualizar su memoria mediante una lectura inteligente de su historia, para gestionar de forma eficiente su cotidianeidad, para suscitar inquietud, creatividad, idea, proyecto. Tiene que ser, en última instancia, observadora culta de sí misma y de la actividad humana. Pero para soñar su futuro, además de esa visión endocrina, precisa la mirada hacia el exterior, que la coloca en la malla urbana del mundo. , nuestra gran urbe romana, tiene su núcleo rodeado por una bien conservada muralla, suma de las aportaciones sucesivas de las distintas edades. Hasta hace pocos años, el adarve era un observatorio privilegiado sobre un abandonado centro histórico y una periferia desmesurada, visión elocuente de lo que no se debía hacer y de lo que faltaba por hacer. Ahora el planeamiento tiene nuevos desafíos: pautar la conservación de la ciudad en su conjunto y ordenar un crecimiento vinculado a las infraestructuras, para que jueguen un papel estructurante y no suceda como con la autovía A6, excesivamente periférica, que parece pensada más para pasar de largo que para llegar. Y, siempre, el reto del río y sus orillas, los paseos que las recorren y los puentes que las unen, que quisiéramos rotundos, escuetos y de escala apropiada. Las fiestas de San Froilán convocan a media humanidad. Es evidente que la ciudad ha recuperado la autoestima y ganado reconocimiento exterior. El cortejo de los Duques por las calles me sugiere que si la declaración de patrimonio de la humanidad, además de ser un título honorífico, debe tener efectos prácticos, Lugo podría aspirar, bajo su patrocinio, a alguna figura administrativa que vele por su promoción, para que su centro histórico, cual bella durmiente que empieza a despertar, se anime definitivamente y se dediquen los recursos necesarios a suturar las heridas producidas en el pasado. La segunda mirada, hacia el exterior, la tiene en su provincia. Puede que el futuro, con otras directrices territoriales y un Estatuto reformado, dé paso a un contexto geográfico y administrativo distinto. Lideradas por Lugo, las dinámicas villas del norte podrían afrontar su desarrollo, con un urbanismo más contenido y con proyectos vinculados a economías complementarias, y plantearse, con las dificultades que esto conlleva, qué hacer con el inmenso espacio rural intermedio y cómo impulsar, al hilo de las palabras de la futura ministra de la Unión Europea, una nueva cultura del agro en los espacios ya vacíos, abandonados por el hábitat. La naturaleza hoy en día no se cuida por sí sola, librarla a su suerte es dejar que arda. Hay una tercera mirada en diagonal. La Universidad y el Camino de Santiago, proyectos ambos de largo recorrido, bien cohesionados, sitúan a Lugo en Europa y tienen un futuro prometedor si se completan las infraestructuras, se siguen creando plataformas de investigación, desarrollo, innovación y emprendimiento capaces de unir proyectos y lanzar ideas para los sectores más dinámicos de la población, y se promueve al mismo tiempo un turismo inteligente. Mirar y ver, verbos de amplitud filosófica, abiertos al entendimiento y a la práctica, y que en Lugo desde hace un tiempo empiezan a conjugarse.