EN EL ARTE CINEGÉTICO de la montería española se suele llamar «recula » a una técnica que consiste en situarse en retaguardia del avance de los perros que baten la mancha, en el límite contrario del teórico de huída de los animales. Las armadas de recula, peligrosas por la posibilidad del fuego cruzado, suelen estar formadas por furtivos, cazadores de fortuna o escopetas negras y su éxito no se suele medir por el número de ejemplares abatidos sino por la calidad de las piezas que suelen ser los animales ya resabiados, que rechazan su querencia natural porque conocen que es allí donde son más fácilmente burlados. Tal como se está poniendo la política española, puede que empecemos a ver muchas armadas de recula, en que los estrategas de cada partido, antes que reforzar sus propios puntos fuertes, intenten aumentar las debilidades de sus competidores atacando sus retaguardias. Además de la rebelión gallega, con resabios y mañas propios de los Trampeta y Barbacana, se anuncia que pronto saldrá a la luz un partido próximo a la extrema derecha europea de ámbito nacional, que se añadiría a los ya existentes en nuestras periferias geográfica y constitucional. Es decir, el PNV en el País vasco y ERC en Cataluña. Aunque es de suponer que nacerá más moderado y pro derechos civiles que los citados, pues, al menos, no se aprovechará de la violencia terrorista para conseguir sus fines. ¿Quién estará detrás de esta nueva formación? ¿La Iglesia católica? ¿el PSOE? Muchos fragmentos del antiguo partido socialista han demostrado que se llevan bien con la extrema derecha local y que no hacen ascos al maridaje contra natura con los enemigos de la libertad si hay cargos y negocios por medio. Legalizar «sin papeles» a mogollón ayuda a crear ambiente. Claro que el PP pudiera contraatacar fomentando un partido socialista digno de su tradición y nombre en Cataluña.