GALICIA una vez más, centro de la atención informativa nacional. Lo singular: No es por catástrofe o noticia sobre algún aspecto sórdido propio del atraso social. Los políticos gallegos de cualquier raza y color se han sumado con su crisis a la crisis mundial, y este diagnóstico que formulado por cualquier otro no sería explicación de nada, dicho por Fraga, hasta da tranquilidad y rebaja el morbo de tanta atención informativa. La crisis del Prestige evidenció los primeros problemas del Partido Popular gallego. Y aquella gestión desastrosa de un problema gallego fue aprovechada para un golpe de mano interno, que los sucesos del último mes no hicieron más que profundizar. Aquellos que tras la crisis política del 87 fueron soporte y sostén de la llegada de Fraga al gobierno gallego, se sintieron arrinconados y tratados de mala manera. Y las decisiones de Fraga y del secretario general del PP en el último mes les confirman que alguien ha decretado su extinción. Por eso la crisis actual es tan solo un juego de supervivencia, e inútil sería pretender ver posiciones políticas diferenciadas para transformar Galicia en esta crisis de partido. Por eso no merece la pena intentar comprender las diferencias entre los auto reivindicados galleguistas y los neocons sobre la gobernación del país, pues si los barones provinciales removidos alardean de galleguistas de ida y vuelta, los neocons gallegos no han formulado, ni practicado, un discursos político modernizador para el país, sumándose al del aldraxe , la deuda histórica o la reivindicación de Galicia tan solo cuando en España no ven al gobierno amigo , recuperando entonces aquel discurso en el que los males nos vienen de fuera, y ellos -aun con catorce años de gobierno- son ajenos a los efectos de su propia acción de gobernar. Por ello y aunque parezca que ya Galicia y su gobierno merecen -crisis y congreso del partido popular por medio- el seguimiento y la atención del mundo todo, no debiéramos olvidar que corresponde a los gallegos buscar soluciones a modos de gobernar hipotecados por equilibrios de poderes ocupados en su propia supervivencia. Y para ello bueno sería comenzar por reivindicar la desaparición de la abrumadora sobre-representación electoral que le es dado ejercer a unos gallegos sobre otros. Por eso de la igualdad en democracia.