La pañoleta de mi abuela

OPINIÓN

22 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

MUCHOS son los asuntos que cautivaron mi atención esta semana. Por una parte está la declaración sobre la eutanasia elaborada por el Comité Permanente de Médicos Europeos, que rechaza de pleno esta práctica y anima a los médicos a no colaborar con ella y a intensificar los cuidados paliativos. Por otra parte, el pasado sábado se celebró el primer «Día Mundial de la Ética Médica», así declarado por la Asociación Médica Mundial para reclamar una mayor atención sobre la necesidad de que la ética cale en la práctica clínica diaria y se incluya una asignatura sobre bioética en la formación de los futuros médicos. El silencio de Paco Vázquez ante las pestilencias que periódicamente azotan A Coruña y el retraso acumulado en la urgentísima depuración de aguas residuales, que la planta de Nostián atesore basura y fabrique un compost que no se vende tampoco son asuntos menores y, creo yo, ponen en solfa las convicciones ecológicas de este alcalde quien, por cierto, no tiene reparos en subvencionar por todo lo alto torneos hípicos organizados por multimillonarios mientras responde con un «no hay dinero» a tantas asociaciones sociales y culturales de la ciudad y a las ONG de ayuda al desarrollo. El llamamiento de ZP en la ONU a respetar la legalidad también me inquieta sobremanera porque ¿de qué legalidad estamos hablando? Si un Estado es culpable de crueldades y persecución de sus propios ciudadanos, ¿hay que esperar la intervención de la ONU como se espera a los Reyes Magos? Por cierto, no se olvide ZP que Milosevic fue elegido presidente de Serbia dos veces con mayorías amplias o que los nazis también se atuvieron a la legalidad vigente¿ Pero lo que realmente quiero comentar hoy son las multas a Sabrina Varroni, una italiana conversa al Islam, por salir a la calle con un burka y la prohibición de usar chador u otro símbolo religioso en las escuelas francesas. Supongo que si mi abuela viviera se acongojaría ante tamaño despropósito, ella, que era de las de usar pañoleta. Hoy todo el mundo va como le da la gana, con piercing, enseñando el ombligo, con el pelo verde o azul, con algo más que escote, con tatuajes, etc. O, si viven en la progresista Barcelona, hasta pueden ir por la calle enseñando su más o menos esbelto cuerpo. Pero llevar un burka o un chador libremente elegidos no es de recibo para el laicismo imperante. ¿Alguien me explica la razón?