LE HAN PUESTO el manto de Santa Bárbara al sector turístico español y todos tan contentos. La santa debe ser quien mejor conoce aquello de dejar todo para última hora, incluso sentirá el dolor de que solamente nos acordamos de ella cuando truena. La tronada que desanima a emprender viaje puede ir progresando entre nosotros. He escuchado a altos representantes del sector la preocupación que tienen porque el turismo ha aumentado poco más de un 2% en España, en el mismo período en que países emergentes llegaban al 20. Zonas de Latinoamérica, África y de los nuevos miembros de la UE, que ofertan sol y playa a precios mucho más baratos que España. Nuestro problema es que hemos llegado tarde. Un poco como aquel Cesáreo González del dicho -real o inventado pero dado por verdadero-, que siempre decía pilícula , y cuando aprendió la palabra correcta medio mundo ya empleaba el término filme. Hemos vendido una España de sol, playas, flamenco y cuernos -o sea, toros-, y reaccionamos cuando los dos primeros elementos los ofrecen a mitad de precio que nosotros en un gran número de lugares. Los toros no parece que resulten un espectáculo de asistencia masiva y el flamenco cualquier día se disfruta más barato en Japón. Aquel turismo que inventó Manuel Fraga en los años 60 no ha muerto, pero puede estar grave. Y el caso es que teniendo como tenemos innumerables alternativas -cultura, termalismo, deportes náuticos y otros, etcétera-, crear una nueva imagen del país segundo receptor de turistas del mundo, que es el nuestro, nos va a costar tiempo. Y si es que cambiamos el mensaje, lo vamos a hacer justo cuando otros pueblos están captando un apreciable número de visitantes que no resultará fácil recuperar. Complicado.