Australia y España

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

VENTANA AL MUNDO

24 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

RECIENTEMENTE, el ministro de Defensa australiano, Robert Hill, ha visitado las instalaciones de los astilleros ferrolanos de Izar. ¿Por qué? Para contestar a esta curiosa pregunta podemos encontrar dos razones. La primera se deduce de lo que Australia representa en la estrategia internacional. Este gran país es siete veces España, con la mitad de población, pero con el quinto puesto en el índice de desarrollo humano -España ocupa el veinte-. Ello nos da una idea de su gran envergadura. En el ámbito estratégico, Australia es un firme aliado de Estados Unidos y de Gran Bretaña, habiendo enviado un importante contingente a la guerra de Irak. Es que Australia representa la defensa de los valores occidentales, pero también sus problemas. Uno de ellos es la invasión de emigrantes por mar que llegan a la isla por las numerosas y deshabitadas costas. Recordemos el incidente del Tampa , hace tres años. En el 2001, Australia recibió 4.175 refugiados que llegaron en 75 barcos. Según el Estado del Mundo- 2003 , Australia ha iniciado una política de control intenso de sus aguas jurisdiccionales, para lo que necesita ampliar su flota militar. Como resultado de esta política se están produciendo numerosos incidentes. Así, poco después de la imagen de país abierto que dieron en las olimpiadas del 2000, se ven obligados a ejercer el efecto contrario. Necesitan una marina más moderna y eficaz. La segunda razón de esta visita es que España ha conseguido éxitos importantes en la arquitectura naval: la construcción de un portaaviones para Tailandia, un buque anfibio para Holanda y cinco fragatas para Noruega. Los astilleros ferrolanos son de los pocos que en el mundo disfrutan de una franquicia de tecnología norteamericana para dotar a sus buques del sistema de defensa antimisil Aegis. Eso es lo que España podría ofrecer a Australia para la renovación de su flota. Ahora bien, si queremos ese contrato habría que hacer una campaña intensa para conseguir ese objetivo político, económico y social, porque a ese contrato también aspiran astilleros norteamericanos, alemanes y franceses. Ese es el reto.