DESDE HACE cierto tiempo Francia declina, tiene una enfermedad muy francesa que se llama morosité , cae en la desgana, en los pensamientos sombríos, no domina sus déficits -el del Estado, el de la Seguridad Social-, se empantana. La izquierda ha fracasado en el timón de mando y acaba de perder dos elecciones seguidas: las regionales y las europeas. La derecha está dividida y enfrentada. Y lo menos que le podía interesar a Francia ahora mismo era una lucha de jefes, una refriega encolerizada entre el recién llegado a la escena política Nicolas Sarkozy y el veterano y fuertemente instalado Jacques Chirac. Dramático telón de fondo de este duelo: la dimisión anticipada de Alain Juppé, ex primer ministro y delfín de Chirac, de su puesto de presidente del partido gaullista UMP (Unión de la Mayoría Presidencial). Juppé arrojó la toalla porque sobre él pesa una condena de diez años de inhabilitación por financiación ilegal del partido gaullista y se propone recurrirla. Francia es un país de poder a veces bicéfalo por no coincidir siempre presidente y primer ministro de la misma tendencia. Pero hoy el problema es otro. Existe un tercer hombre: Nicolás Sarkozy, joven, ambicioso, hábil, resuelto, que tiene bien fijados sus objetivos. Ha escalado con destreza dos altos picos: fue un eficaz ministro del Interior y desde hace poco, es un enérgico ministro de Finanzas. «No hay ninguna polémica, yo decido y el ministro de Finanzas ejecuta». Harto de que le llevara la contraria su ministro, el presidente Chirac hizo restallar la semana pasada esta inusual declaración como un relámpago en un cielo azul. Respondía así muy directamente a Sarkozy, que había propuesto tan sólo días antes -y sigue hoy en sus trece- recortar el presupuesto de Defensa para reducir el déficit del Estado. Erre que erre, declara ahora a quien quiera oírle que a él no se le puede pedir que vaya en contra de sus convicciones. En caso contrario, amenaza con irse. Todo un desafío. Por su parte, a sus 71 años, Chirac da muestras de una vitalidad de 40. Y por ello, hubo un choque eléctrico entre los dos hombres el pasado 14 de julio -fiesta nacional francesa- con frases fuertes y palabras rotundas. Se precipitaron las interpretaciones políticas de lo que está sucediendo y se afirma que la renuncia de Juppé debilita la posición de Chirac y fortalece la de Sarkozy, muy seguro de sí y al parecer de su futuro. Las sacrosantas vacaciones francesas empiezan mal este año: un enfrentamiento en la cumbre que ha provocado un sobresalto en la política gala y ha hecho volver la cabeza hacia Francia al resto de Europa.