A FINALES del pasado siglo la mujer consiguió que se le reconociese de iure el papel protagonista que, de facto , ya tenía en la sociedad. Pero se diría que, al alcanzar su libertad, aquellas a las que antes se consideraba como iconos del hogar mientras se les negaba la personalidad plena, se han convertido en competidoras. Tanto es así, que algunos hombres vuelcan sobre ellas sus frustraciones hasta llegar al asesinato. Uno de los sectores donde el trabajo femenino predomina netamente es el de los asistidos. Cuando se solicitan profesionales para atender a nuestro entorno familiar envejecido, se descubre que entre quienes prestan asistencia hay matemáticas, físicas nucleares o filósofas. En los momentos de tregua, mientras la enfermedad o la senilidad siguen su curso, es posible compartir con estas mujeres conversaciones diletantes sobre Schopenhauer o las matemáticas aplicadas. Averroes, que en algunas cosas anduvo bastante fino, decía que las sociedades que desconocen las habilidades de las mujeres y que, en lugar de prepararlas para las virtudes humanas, las destinan al servicio de sus maridos y a la procreación y crianza de los hijos, se empobrecen a sí mismas. Una Galicia que debe disponerse a competir más y mejor en una UE ampliada, debería echar las cuentas al dispendio de un capital humano apto para empresas intelectuales o científicas. Después de la inversión en su formación y a falta de otras salidas profesionales, cubre, junto con la inmigración femenina, una demanda acuciante en nuestra comunidad longeva e infecunda. Las mujeres saben lo que vale un peine y no regatean ningún esfuerzo. ¿Qué tiene que ver todo esto con el urbanismo? Las leyes urbanísticas y las Administraciones reconocen derechos y deberes, beneficios y cargas, y también determinan sanciones, pero, aparte de premios y menciones honoríficas, no incentivan el esfuerzo de aquellas corporaciones, empresarios, colectivos o ciudadanos dispuestos a conservar y construir bien el país. Es lo que llamo esfuerzo territorial . Un ejemplo. Las Administraciones central y autonómica ejecutan importantes obras, normalmente desvinculadas del planeamiento de los municipios que atraviesan, lo que conlleva una mayor dispersión del hábitat, económicamente insostenible. Aquellos municipios que coordinasen su crecimiento con las infraestructuras generales accederían a inversiones y subvenciones específicas. De la misma manera, las empresas, asociaciones o particulares que preservasen y explotasen racionalmente el territorio y el patrimonio, dispondrían de una fiscalidad favorable, subvenciones y complemento a sus inversiones. Las claves son implicar, fomentar, propiciar, más que sancionar o predicar. El problema es quién decide: ¿sólo el Ejecutivo? ¿Una ley del suelo que se preocupa más de la sanción que del fomento? ¿Está dispuesto el que gobierna a distribuir con otro criterio el capítulo de inversiones? El esfuerzo territorial va parejo a la tenacidad y eficacia de todo un país para progresar cultamente. Como actitud, es equiparable al esfuerzo que desarrollan las mujeres y, por ello, ambos deberían tener el debido reconocimiento social y económico.