LA NOMINACIÓN del primer ministro portugués Durão Barroso para relevar al italiano Romano Prodi, como presidente de la Comisión Europea, suscita varias reflexiones del máximo interés estratégico. En primer lugar, se mantiene el puesto más elevado para tratar los asuntos europeos en manos de un político del sur, lo cual es muy significativo, teniendo en cuenta que de los veinticinco países miembros, solamente cinco son de esta región europea. En segundo lugar, Portugal es un país muy atlantista, porque es marítimo, abierto al mar por todos sus territorios. Ello implicará mayor preocupación por los asuntos marítimos, especialmente de la pesca. Por último Durão Barroso es un político que suscita el consenso de los principales mandatarios europeos, a pesar de ser el «anfitrión de las Azores». Portugal es un firme bastión de la Alianza Atlántica y el nombramiento para un cargo como éste quiere decir claramente que Europa está interesada en reforzar los lazos atlánticos y cerrar la crisis de confianza abierta entre Europa y Estados Unidos a raíz de la guerra de Irak. La Europa que va representar Durão Barroso es ya un gran conjunto de naciones que necesitan un enorme esfuerzo de coordinación. Tremenda empresa que requiere políticos de gran preparación para afrontar los problemas europeos ante la nueva situación a nivel continental y con una Constitución para estrenar. Por otro lado tendrá que recurrir a la solidaridad atlántica para afrontar conjuntamente la defensa occidental ante las nuevas amenazas. Esta segunda acción política es de carácter estratégico , con trascendencia histórica. Una Europa más unida e independiente, a la vez que refuerza sus lazos con los aliados, es el apasionante reto que le espera a Durão Barroso.