LOS LÍDERES de los países miembros de la Unión Europea han dado el viernes un paso histórico en la construcción europea al aprobar una Constitución común. Su texto queda ahora pendiente de la ratificación unánime de los 25 países firmantes, un trámite que no puede considerarse precisamente fácil en estos momentos de euroescepticismo, como ha revelado la baja participación en las últimas elecciones europeas. Pero los responsables nacionales han considerado que la mejor respuesta al reciente desapego ciudadano era este impulso de la Unión, como garantía de que la construcción europea continúa. Así lo han valorado y lo han celebrado los gobernantes de Francia, Alemania, Italia, España, etc. Un texto final largo y farragoso, sí, pero un texto compartido. Una excelente base para darle solidez e identidad al proyecto común. Sin embargo, el entusiasmo general es descriptible. Los dirigentes estatales saben el significado profundo del texto constitucional aprobado, el cual consagra la primacía del derecho comunitario sobre el nacional, pero no desconocen los obstáculos que hay que superar hasta su definitiva ratificación. El hecho de que se haya logrado un reparto de poder cuya redacción difícilmente podría resultar más compleja no ayuda a aquellos que han de convocar consultas populares. Lo ha dicho con claridad el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker: «Yo no soy capaz de llevar esto a un referéndum. Le deseo mucha suerte al que tenga que hacerlo». Y uno de los que ha de hacerlo es Tony Blair, en un Reino Unido en el que todo es posible, sobre todo si se tiene en cuenta que los euroescépticos han sacado pecho. ¿Qué se puede hacer para mejorar las posiciones europeístas? Lo primero, desarmar los recelos, que, en el caso británico, significan ver en la Unión Europea demasiados impuestos, demasiada regulación, demasiado estancamiento y demasiado aislamiento, además de corrupción. Hay que mostrar las ventajas de lo logrado y potenciar una UE ágil, eficaz, dinámica, competitiva y con protagonismo internacional, para creer en un horizonte de crecimiento solidario y de bienestar. Así será refrendada la Constitución.