EL CABILDO compostelano, bien por convencimiento pacifista o por aquello de que más vale no tentar al diablo, o quizás por no ser menos que ZP disolviendo heroica y bizarramente la Brigada Plus Ultra -¿ondeando a lo mejor también banderas del PSOE?-, ha decidido retirar una figura ecuestre de Santiago Matamoros. Dentro de la gran invención compostelana, tan oportunamente establecida para aglutinar la lucha de los reinos peninsulares cristianos contra el Islam, la leyenda de Santiago Matamoros, el santo apóstol militarista, ha tenido singular importancia. Ya el Cervantes heterodoxo y anticlerical ironizaba sobre ella en El Quijote . Pero en la antigua tradición medieval era una pareja, la formada por Santiago y san Millán, la que intervenía en las acciones bélicas contra los moros. En muchas representaciones iconológicas aparecen juntos luchando. En realidad se trata, como en tantos otros casos, de una porfidización mitológica o de una simple adaptación de leyendas anteriores, en este caso de la mitología griega, a las necesidades del Cristianismo de la época. En efecto, la pareja Santiago-san Millán equivale a la precedente de los Dioscuros, Cástor y Póllux, hermanos hijos ambos de Leda, pero de padre distinto: uno el mismo Zeus metamorfoseado en cisne y otro su esposo terrestre, Tíndaro, rey de Esparta. Cuando muere Cástor, Póllux el inmortal le pide a su padre Zeus que le vuelva a la vida. Ambos figuran en la constelación de Géminis, estrellas blancas guías de los navegantes. Y en Terafné se enseñaba su común tumba terrestre, habitada cuando no estaban en el Olimpo. Pero además de sepulcro y de estrella, la comparación se estrecha con la leyenda de la ayuda que ambos hermanos montados en sendos caballos blancos ofrecieron a sus fieles en la batalla de Reghilla. Aunque la tradición cuenta que en verdad fueron dos jóvenes, Panormo y Gonipo, los que, disfrazados, atacaron al enemigo.