EL UNO de mayo, otros diez países se adherirán a la Unión Europea haciendo que aquel proyecto iniciado con la firma de los Tratados de Roma de 1957 por Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo alcance una envergadura jamás soñada por sus fundadores. Desde el Báltico hasta el Atlántico, países enfrentados durante siglos alcanzarán la tan deseada unión no por la fuerza de las armas sino gracias al valor de la razón y el interés económico. Puede que la variedad idiomática, la diversidad étnica y religiosa y, la convulsa y violenta trayectoria histórica hayan provocado enfrentamientos imposibles de solventar en su momento. Sin embargo, casi sesenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, son más los puntos en común que las diferencias. Europa ha dejado atrás las rivalidades políticas para evolucionar hacia una idea única: un proyecto europeo basado en la complementariedad. El interés económico y el afán de progreso han demostrado ser un nexo de unión muchísimo más importante y estable que cualquier idea política. En este sentido, si bien fueron muchos los que consideraron, no sin fundamento, que la negociación llevada a cabo para la incorporación de España en 1986 no fue la mejor, son pocos los que se atreven a cuestionar los beneficios obtenidos con nuestra adhesión al tren europeo. Beneficios que, lamentablemente, no han fructificado por igual en todas las regiones españolas; así, pese a que Galicia se ha beneficiado mucho de los Fondos Europeos, las infraestructuras son casi la única mejora real que se puede percibir. El previsible recorte de las ayudas como consecuencia de la llegada de diez estados al seno de la Unión exigirá que, de una vez por todas, abandonemos la comodidad del absurdo localismo minifundista para subirnos al tren del crecimiento sostenido y general. Nuestro empresariado necesita que se incentive su competitividad con medidas más coherentes y eficaces que la dispersa construcción de parques industriales. Ya es hora de que, en lugar de un apeadero olvidado, Galicia se convierta en una estación principal para el tren europeo.