LOS RESPONSABLES del Consejo de Administración de Metro de Madrid, los mismos que se han tirado los trastos durante tres días por el control de este sistema de transporte urbano, están a punto de llegar a un acuerdo con las operadoras para que los teléfonos móviles funcionen en toda la red y los usuarios puedan así engordar la cuenta de resultados de las telefónicas y convertir el suburbano en un gallinero. Por lo visto ha imperado más la posibilidad de hacer caja que la seguridad de los viajeros, una vez que se ha sabido que los terroristas del 11-M utilizaron los teléfonos móviles y sus frecuencias para activar las bombas que habían construido y repartido en mochilas en varios vagones de tren. En este punto conviene preguntar al ministro del Interior, Jose Antonio Alonso, máximo responsable del nuevo Gobierno en la lucha contra el terrorismo, si está de acuerdo con la medida y sobre todo a los usuarios, que son las posibles víctimas si algún iluminado de las famosas células durmientes decide despertar y llevar al cementerio a más ciudadanos utilizando el mismo sistema que sus hermanos de la masacre madrileña. Y otra más, ¿algún responsable policial sabe si los autores del 11-M descartaron hacer la carnicería en el Metro porque en este transporte público no funcionan los móviles? Teniendo en cuenta que la media de duración de un viaje en Metro no excede de 20 minutos, ¿están dispuestos los clientes a renunciar a hablar por sus móviles durante este tiempo, en beneficio de que no les explote una bomba debajo del asiento? Cuando Juan José Rosón era ministro del Interior tuvo que cerrar las taquillas de consigna de las estaciones de ferrocarril para no dar facilidades a los terroristas que usaban estas instalaciones para dejar maletas bombas accionadas con temporizadores. Todos los afectados aceptaron la medida en beneficio de la seguridad y nadie de Renfe se quejó de que disminuían los ingresos. Ahora, a lo que se ve, aquella importa menos que el interés comercial de la empresa Metrocall, concesionaria del servicio desde marzo de 2001, y las tres operadoras de móviles de nuestro país, enfrascadas en una guerra comercial en la que median recursos judiciales ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid y dictámenes de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones por vulneración de las normas de la competencia. Algunos quieren que las sintonías de los móviles empiecen a acompañar los viajes de los usuarios. Esperemos que no sea la marcha fúnebre.