El que no corre, no vuela

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

PUDO SER una premonición aquello de calificarle ya hace tiempo de Bambi , para poder tildarle hoy de ZP el rápido. Mucho antes de lo previsto y quizá necesario, con el agravante de hacerlo en domingo, anunció que se traía las tropas de Irak. De hecho, se va a convertir en el presidente que acude más rápido a Marruecos. Antes, se ha cumplido la voluntad socialista de que Urdaci desapareciera de TVE a toda velocidad, y lo hace incluso con anterioridad a que sea nombrada la directora general interina que teóricamente había de cesarle. Por donde pasa el nuevo Gobierno, todo sucede a una velocidad de vértigo. Apenas cuarenta y ocho horas le valen a Moratinos para que escuchemos en una tertulia que es un excepcional ministro de Exteriores. Algo que probablemente diremos muchos dentro de unos meses, teniendo en cuenta la formación y los antecedentes del personaje, pero ¡hombre, ponerle por las nubes sólo porque haya ido a Washington a tener un rifirrafe con Powell y la Rice! Claro que lo cierto es que excesos de este tipo leemos y escuchamos todos los días, no ya solo con ministros, sino prácticamente con cualquiera que enseñe el cuerpo tímidamente después de haber sonado para un cargo público. Es legítimo que un muy amplio sector de la población española esté altamente ilusionado. Y que ese entusiasmo llegue incluso a medios de comunicación, considerados o no afines. Lo que parece estúpido es perder la ecuanimidad en el juicio y recibir con un exceso de buena disposición cualquier novedad, el mínimo gesto. Así es posible que la ministra gallega Elena Espinosa diga que «no se puede calificar de fracaso» el acuerdo alcanzado en Bruselas en materia agrícola. ¿Acaso lo tildaría de tal si ella misma considerara lo sucedido un fracaso? En cuanto al ejecutivo de Zapatero le vaya mal algún asunto, lo que es estadísticamente inevitable, quizá comprobemos la crueldad de algunos de los que ahora se entregan con tanta facilidad al elogio desmedido e innecesario.