No nos falles

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

13 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL DEBATE de investidura, al que a partir de mañana se somete Zapatero como candidato a la presidencia del Gobierno, dista mucho de parecerse a un simple relevo ritual en la gobernación del país. Por el contrario, ha suscitado un enorme interés que no deriva de la incertidumbre del resultado, que no existe, sino del contexto político nacional e internacional en que se produce y de la expectativa de cambio generada a partir del resultado electoral del 14-M. Por eso muchos ciudadanos seguirán con lupa el discurso del secretario general del PSOE. Unos, que todavía no han asimilado el resultado electoral, para pasarle factura ante cualquier posible error o desliz, otros, la mayoría, dispuestos a que no se difuminen las promesas y las esperanzas de cambio. Así pues, la sesión de investidura no podrá despacharse con ambigüedades calculadas ni con evasivas. Bien al contrario, ha de servir para demostrar fehacientemente que existe la voluntad necesaria para impulsar un proyecto político y programático, realizable y posible, pero sustancialmente diferente al proyecto conservador desarrollado a lo largo de los últimos ocho años. ¿Cuál es la propuesta de Zapatero para restituir los mecanimos de control del poder, hoy obstruidos o seriamente deteriorados? ¿Cuál es el modelo de RTVE y en qué plazo entrará en vigor? ¿Cuál va a ser la relación del nuevo Gobierno con el fiscal general del Estado y con el Consejo General del Poder Judicial? ¿Qué propuestas económicas y presupuestarias tiene el PSOE para que España deje de ser el país más injusto y socialmente polarizado de la Unión Europea, y para que el Estado cuente con los medios suficientes para garantizar la cohesión social y hacer efectivas la seguridad y libertad de los ciudadanos en una sociedad de riesgos múltiples? ¿En qué consiste, partiendo del mandato constitucional, el modelo de Estado que defienden los socialistas en contraposición a la rancia idea de España que propone el Partido Popular? ¿El vigente pacto antiterrorista, firmado entre el PSOE y el PP, se abrirá a la participación del resto de las fuerzas democráticas o seguirá siendo un acuerdo excluyente? ¿En qué términos piensa incorporar el nuevo Gobierno a su estrategia antiterrorista la novedosa y devastadora presencia de Al Qaida en nuestro país? ¿Cuáles son las prioridades de la política exterior española, particularmente europea, que defenderá el gobierno Zapatero, tras la participación en la guerra de Irak y la subsiguiente quiebra del consenso en política internacional?. De la respuesta que obtengan estas preguntas mucha gente deducirá si la enorme confianza depositada en el Partido Socialista estaba o no justificada. Al término del debate sabremos también los apoyos con los que cuenta Rodríguez Zapatero o, dicho de otro modo, conoceremos el bloque político dispuesto a sustentar la acción del nuevo Gobierno. Desde luego, el candidato a la presidencia del Gobierno no debe ofrecer gratuitamente flancos débiles a la sedicente «oposición patriótica» anunciada por el PP, pero sobre todo no puede olvidar que la noche electoral millones de españoles, al tiempo que lo aclamaban, le recordaron muy expresivamente -«¡No nos falles!»-la ineludible obligación de cumplir los compromisos adquiridos. Esos millones de ciudadanos seguramente no le exigirán que camine deprisa, pero no le perdonarán que lo haga en sentido contrario al prometido. Y el día del estreno no es precisamente el más indicado para defraudar.