DECÍA el conde de Romanones que nada hay de mayor importancia para el régimen de los pueblos que la política exterior: «De ella depende siempre la prosperidad y, en ocasiones, su propia existencia». De todas las herencias del Gobierno todavía en funciones, el vacío dejado por el desprestigio y derrumbamiento de la alianza incondicional con Bush es el más preocupante. El comprometido regreso de las tropas de Irak o las declaraciones de Moratinos sobre lo que debiera hacer allí no constituyen obviamente una política, sino simples anticipaciones de una nueva orientación que se quiere dar a las cosas. Pero es urgente globalizar una postura dotada de coherencia en todos los frentes, por supuesto y ante todo, Europa y Estados Unidos, pero también Marruecos y Oriente Medio. No podemos pasar sin más del «muy bien con uno y mal con todos» al «bien con todos y muy bien con ninguno». ¿Por qué no apostar de una vez y sinceramente por Europa?