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08 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.UNA BOMBA, cerco policial, una explosión, humo, un cadáver en una piscina... Otra vez, en Madrid, Madrid en guerra, dice la prensa extranjera. Toda la vida, yo no voy a Egipto que es peligroso y resulta que somos nosotros los que vivimos encima del polvorín, sin coger aviones ni salir de casa, en bata y en peligro. El fundamentalismo negocia con dinamita. Su vía diplomática es el hoyo que deja la dinamita, una zanja llena con los pedazos rotos de los muertos. ¿Cómo negociar con unos tíos que dicen que responden a las voces del Todopoderoso y, con ese Todopoderoso, no se puede hablar ni se le espera? Se inmolan al grito de Alá es grande. Cogen rehenes en Tokio. Nosotros estábamos felices cortando jamón y de paseo por los grandes almacenes, a punto de torrarnos en las playas, que es lo que más hacemos los españoles, y unos gobernantes rapaces nos han colocado mechas de dinamita en las zapatillas. Ahora cuando oyes gritos en Madrid no es que Ronaldo ha marcado otro gol. Ahora los que estamos señalizados, peligro explosiones, como objetivo de guerra, somos los españoles de a pie, usted, yo y los vecinos. ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Que vuelvan las tropas, mejor, ayer. cesar.casal@lavoz.es