El despliegue

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

EL FALLIDO intento de hacer saltar por los aires un AVE y la inmolación de seis islamistas radicales en Leganés el pasado sábado relacionados con los atentados del 11-M y con el frustrado en las vías del tren de alta velocidad, han precipitado el despliegue del ejército y policía en puntos sensibles de nuestro país anunciado por el ministro del Interior el pasado 18 de marzo. Lo sorprendente es que este despliegue suponga una novedad en la seguridad en España, amenazada desde hace más de tres décadas por el terrorismo de ETA y desde hace varios meses posible objetivo de islamistas radicales, desgraciadamente confirmada también esta hipótesis el pasado once de marzo. Por mucho menos, la vecina Francia suspende Schengen -nombre del acuerdo europeo de libre circulación de personas-, impermeabiliza sus fronteras, sus puertos, sus aeropuertos y sus estaciones de ferrocarril, sella papeleras y evacuatorios públicos e inhabilita las consignas automáticas de equipajes, además de reforzar casi hasta la asfixia la presencia policial en calles y la del ejército en los centros más sensibles del país. A todo ello tendremos que acostumbrarnos, porque la ejemplar y brillante actuación policial que ha supuesto la detención de los autores de la matanza del 11-M no puede hacer olvidar que, junto a la investigación del delito, a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado les está también encomendado el papel de prevención del mismo, mucho más acentuado éste cuando de terrorismo se trata. Pero tampoco conviene olvidar que mientras la investigación de los delitos es imperativo categórico y razón de ser de los cuerpos policiales, su prevención y hasta su previsión, que también llevan a cabo, es una decisión política. Escribo todo esto porque tan absurdo es pretender que la actividad de los servicios de información de policía y Guardia Civil se reduce al ámbito de ETA -ambas tienen desde hace mucho tiempo unidades especializadas en terrorismo islamista- como que el despliegue de policía y ejército no pudo haberse realizado mucho antes, por más que informes de Europol minimizaban el riesgo de atentados islamistas en España. Sobre la actividad policial de vigilancia de las células durmientes que finalmente causaron la masacre de Madrid, hasta un fotógrafo aficionado se da cuenta de que la foto más difundida del cerebro de la misma, Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, dinamizador de la célula -como se dice en el argot policial-, fue realizada en un seguimiento de los servicios de información. Y sobre el despliegue, dejémoslo en que si se puede ahora se pudo antes.