Entre Madrid y Nayaf

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

LA CLÁUSULA de la autoinmolación, como seña de identidad de la gente de Al Qaida, se registraba en España, por primera vez, el pasado sábado. Era el sello, firma y rúbrica de su autoría del ll-M. Sin el compromiso que tomó Aznar en la iniciativa de Bush sobre Irak, y sin el calentamiento político posterior generado por la oposición, acaso el terrorismo islámico no habría elegido España para su presentación europea. Berlusconi, sin estar en las Azores, ha enviado más efectivos. Pero en Italia no ha pasado nada hasta el momento, salvo la detención de numerosos norteafricanos y de extremistas aborígenes de extrema izquierda. Aún no siendo descartable, como en cualquier lugar de Europa, el zarpazo del terrorismo islámico no se ha producido en Italia. De momento, el 11-M vale para toda la UE. Alertados por el atentado de Madrid, los servicios secretos europeos se encuentran en alerta mayor. Y, por lo mismo, el islamismo en Oriente Medio tiene su alerta propia. A ésta responde la atribución, por medios árabes y por la agencia France Presse , de prácticas represivas ( la detención en Nayaf del portavoz del chiísmo radical Mustafá al Yaqubi) a las fuerzas de la Brigada Plus Ultra III, en Diwaniya, y el subsiguiente acoso de manifestantes chiítas. La batidora de la confusión opera a toda máquina, allí más que aquí. Principales víctimas del terrorismo suní de Al Qaida, andan ya algunos chiítas con el norte perdido, dejándose arrastrar por la causa del último aliado de Sadam. La confusión es, cronológicamente, el segundo fruto del terrorismo; pero políticamente, por rango jerárquico, es el principal de sus efectos. De confusión deletérea está amasado el laberinto iraquí, de la misma manera que lo estuvo la última campaña electoral española después del atentado del 11-M. El terrorismo es la manera más terrible de entrar en política, o de querer regresar a ella.