Irse, pero no del todo

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

IRSE o no irse, esa es la cuestión. Aznar se comprometió a no recuncar en su mandato y programó una secuencia de actos de retirada, que habían de concluir en la gran lección magistral de fin de curso, ética y política, de no aferrarse al cargo, con elegante desprendimiento de servicio al país. Pero las cosas no fueron por donde se pensaba. Salieron mal por acumulación de errores y displicencias y la esperada ovatio pública se transfiguró en amarga derrota electoral y abandono popular. Y aquella disyuntiva radical -irse o no irse- aparece hoy envuelta en la nebulosa de las medias tintas. La sombra del ex presidente sigue planeando sobre las cabezas de los dirigentes del PP. Rajoy no ha variado un ápice la vieja política. Incluso en la cúpula del partido se han atrincherado los más fieles seguidores ded la filosofía y estilo de Aznar. No encaja esto de «irse, pero no del todo» en un personaje tan poco dado al claroscuro. Pero es la impresión que se percibe.