El informe Zamora sobre el «Prestige»

| CARLOS MARTÍNEZ-BUJÁN PÉREZ |

OPINIÓN

05 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EN MI ARTÍCULO anterior, en el que comentaba la imputación del armador del Prestige , aludía al informe de los expertos de la Universidad Politécnica de Cataluña, encargado por IU como dictamen pericial para ser aportado a las diligencias que se instruyen en el juzgado de Corcubión. Este exhaustivo estudio fue coordinado por alguien tan prestigioso como Joan Zamora Terrés, director del Centro de Logística y Servicios Marítimos de dicha Universidad (Celsem), y fue dado a conocer públicamente por él en el transcurso de unas jornadas sobre la catástrofe del Prestige , a las que asistí como invitado, celebradas en Gijón durante los días 13 y 14 de febrero y organizadas por la Asociación Española de Marina Civil en colaboración con el Ayuntamiento de dicha ciudad y el Principado de Asturias. El dictamen no se limita a analizar las posibles causas de la avería inicial, sino que hace un pormenorizado estudio de la actuación del capitán Mangouras y de las autoridades de Fomento. Comenzando por este segundo aspecto, cabe resaltar que las conclusiones a que llega el informe Zamora coinciden sustancialmente con las contenidas en el informe Louzán (vid. mi artículo en La Voz del 11-10-03). En concreto, el informe critica también sin paliativos la decisión de las autoridades españolas de alejar el buque de la costa con rumbo al temporal. Para fundamentar tal crítica parte de la base de que, tras haber sido corregida la escora del barco y, por tanto, una vez que había sido conjurado el peligro más inminente, lo prioritario era conducir el buque a aguas abrigadas, puesto que la avería inicial no había afectado a los tanques de carga, que se mantuvieron intactos hasta la madrugada del 15 de noviembre, y, por ende, el pequeño vertido subsistente provenía únicamente de las tapas de cubierta de los tanques de babor. Los expertos catalanes añaden que el buque nunca debió permanecer en mar abierto más tiempo que el necesario para tomar el remolque y poner proa a un lugar abrigado. De haber sido así, el petrolero nunca se habría partido en dos. De hecho en el informe se señala que las causas determinantes del naufragio deben encontrarse ante todo en la decisión de poner en marcha el motor propulsor del buque (al generar una vibración que provocó un debilitamiento de su estructura) y en el propio hecho de remolcar el barco mar adentro (al originar un esfuerzo transversal que también agravó los daños estructurales). Por lo demás, tras un análisis pormenorizado de la interacción buque-mar, el informe llega a la conclusión de que el rumbo noroeste (directo al temporal), marcado por las autoridades españolas, fue el peor rumbo posible, y que, desde luego, agravó notablemente los daños del Prestige, al tener que soportar éste los embates de un elevado número de olas (que se cifra en 34.000) durante el errático periplo náutico. Por su parte, en lo que atañe a la actuación de Mangouras, el informe Zamora examina con detenimiento las medidas adoptadas por el capitán tras el accidente inicial y llega a la conclusión de que sus decisiones fueron correctas a la vista de los medios a su alcance: tanto al evacuar a la tripulación (ante el inminente peligro para la vida de los 27 tripulantes), como al corregir la escora inicial a través de la inundación de los tanques de lastre de babor (ante la imposibilidad de efectuar un trasvase de carga) y aproximar el buque a la costa para refugiarlo. Finalmente, el informe considera que el buque nunca embarrancaría en las costas gallegas, puesto que el petrolero derivaba al rumbo N50E, lo que significa que se dirigiría hacia el canal de la Mancha; asimismo, el informe asegura que, en caso de que fuese necesaria, era perfectamente factible la maniobra de largar el ancla. A estas alturas de la película, creo que no es preciso poseer especiales conocimientos de Derecho penal para extraer las conclusiones pertinentes en orden a determinar la responsabilidad penal de unos y de otros. Basta con el sentido común del ciudadano medio con un coeficiente normal de inteligencia y, eso sí, con un mínimo de independencia de juicio.