¡Todos al tren!

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

HAN PASADO ya algunos años, más de diez, de una reunión de planificadores urbanos celebrada en Londres. Allí, uno de los más veteranos expertos afirmaba, sin duda alguna en sus palabras y con un tono imperativo, que el reto más complejo que teníamos los planificadores urbanos y regionales para el futuro era el tráfico De repente todos nos miramos extrañados, porque los problemas urbanos planteados estaban ligados al medio ambiente y a la sotenibilidad, a la inmigración, a la competitividad urbana en un sistema mundial de ciudades, a las limitaciones de la planificación estratégica o al reto de la deslocalización en las ciudades industriales. Y eso era hace diez años. La realidad ha demostrado que el decidido interlocutor tenía razón. Los demás problemas tuvieron, y tienen, muchas respuestas positivas, de éxito, pero en la cuestión del tráfico en las grandes ciudades las actuaciones eficaces requieren modelos rupturistas o de choque. Ahora que nuestras ciudades emprenden con entusiasmo y vigor importantes actuaciones de planificación urbana, comprobamos como la accesibilidad es uno de los objetivos que casi siempre se incluyen, haciendo referencia las más de las veces a grandes infraestructuras de transporte, pero raras veces afrontan con rigor el problema del transporte y la movilidad urbana. Se recomienda a veces realizar un plan sectorial de transporte y se resuelve la situación, cuando del modelo de transporte urbano que se adopte deberían depender muchas de las decisiones que más directamente influyen en la configuración del espacio urbano y en la reestructuración de las relaciones entre el centro de las ciudades y sus periferias. Será por eso que las ciudades gallegas, a pesar de tantos planes, padecen una congestión permanente, excesiva en relación con su tamaño, siendo este uno de los temas en que vamos más retrasados. En las nuevas redes mundiales, las ciudades medias y pequeñas, como son las gallegas, tienen entre otras ventajas la reducción de las disfuncionalidades urbanas; sin embargo, en las nuestras, la deficiente accesibilidad es una debilidad en lugar de ser una ventaja. Es necesario dar un salto cualitativo y proponer soluciones arriesgadas e imaginativas. Está claro que la estrategia de los aparcamientos, con ser necesarios, o de las grandes vías de acceso (tan convenientes) no son suficientes. Llevamos años diciendo que la solución está en dar preferencia al transporte público, pero eficiente y suficiente para que pueda ser alternativa. Todo parece indicar que la solución viene de la mano de un sistema que sitúe al metro, al ferrocarril o al tranvía en el centro de la estrategia de transporte. Sólo así se podrá reducir el exceso de carga automovilística de nuestras ciudades. Y si antes estas soluciones estaban reservadas a las grandes urbes, hoy las ciudades medias pueden implantarlas dentro de parámetros aceptables de rentabilidad. Yo recuerdo un trayecto por una ciudad media francesa en un pequeño metro teledirigido, con tramos en superficie y otros en túnel o trinchera. La mayoría de la población lo utilizaba. Así se pudo después peatonalizar la ciudad, dando satisfacción a las aspiraciones de la mayoría de los ciudadanos, al conjugar eficientemente la movilidad con la peatonalización. En La Coruña la idea la presentó el alcalde hace tiempo; en Vigo se habló de lo mismo unos años después; en Santiago yo mismo lo expuse en una intervención pública. La cuestión no avanzó. Ahora el tema es el AVE asociado al modelo de ciudad única del que ya había hablado Otero Pedrayo o de la ciudad región de la que otros como yo hace tiempo hemos escrito. Pues bien, sería este el momento adecuado para conectar nuestras ciudades con las redes de alta velocidad y éstas con los aeropuertos, con los hospitales, con los campus universitarios. Además, dado que antiguos trazados ferroviarios van a quedar en desuso, nos encontramos con una oportunidad añadida. Pero haría falta una verdadera acción estratégica de transporte urbano y metropolitano. De lo contrario, hablar de ciudad región no deja de ser una entelequia. A ese 70% de los gallegos que vivimos en las ciudades o en sus periferias nos gustaría llegar a tiempo y sin tensiones, o al menos llegar. Además así se evitaría tener que duplicar centros universitarios, aeropuertos internacionales o teatros de la ópera, por poner algunos ejemplos, y se planificarían mejor las áreas de expansión residencial. Entre otras ventajas. ¿Las veremos?