Dos primarias

JOSÉ JAVALOYES

OPINIÓN

HAY COMO una trabazón fatal entre el decurso político de Estados Unidos y el sangriento fluir de la posguerra de Irak. Y así, mientras otro supermartes electoral, dentro del complejo proceso de las primarias, daba el definitivo empujón al senador Kerry para su nominación como candidato demócrata a la presidencia, otro atentado contra la mayoría iraquí ocasionaba casi 200 muertes en Kerbala y Bagdad. En la cuna de la civilización y de la crueldad, en tierras de Asurbanipal, se oficiaban otras primarias. Unas primarias para la guerra civil. El terrorismo islámico, que Bush dijo combatir en la guerra contra Sadam Husein, se encuentra en sus actuaciones más reiteradas y sangrientas desde los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas y el Pentágono. El día de la Shura , Al Qaida golpeaba en Irak; pero también en Pakistán, con 40 chiíes muertos en la localidad de Quetta, como en réplica a la ofensiva americano-paquistaní por los derroteros más impenetrables de las montañas afganas. Quiere Al Qaida cubrir, de forma simultánea, dos objetivos que se complementan: la guerra a muerte contra los herejes de la Chía y el castigo a la fuerza iraquí que más ha colaborado con las fuerzas invasoras de Irak. Pretende de esa forma ese integrismo suní ser el fulminante de dos choques simultáneos: el de las dos civilizaciones distintas, la islámica contra la occidental, y el de un Islam contra otro. El desafío terrorista de los talibanes, formados en las madrasas o escuelas coránicas, viene a discurrir, en dinámicas colectivas de suicidio, sobre el haz del año electoral norteamericano. Lo hace en la ocasión mayor de las primarias demócratas, entre el voto en diez estados, que ha definido el candidato a presidente. Los estrategas de la catástrofe purificadora perpetran en Kerbala y en Bagdad, y en Quetta, el mayor de sus crímenes dentro de Oriente Medio. La guerra de Irak, se quiera o no se quiera reconocer, potenció el terrorismo.